28 de febrero de 2018

«Psicología del especismo: Cómo privilegiamos a unos animales sobre otros»




El especismo ha sido un fenómeno estudiado hasta ahora casi de forma exclusiva en el campo de la filosofía. A partir de la publicación en el año 1975 del libro «Liberación Animal» de Peter Singer, ha aparecido una muy profusa bibliografía filosófica sobre esta noción, y sobre la cuestión animalista en general, especialmente en el ámbito de lengua inglesa, aunque cada vez encontramos más publicaciones en otros idiomas.

Sin embargo, fuera del ámbito estricto de la filosofía sólo muy ocasionalmente han aparecido otros enfoques de estudio sobre el especismo. Así, ha sido analizado desde la jurídica por parte de Gary Francione, desde la sociología por parte de David Nibert y de Bob Torres,  y de Roger Yates, desde la biología por parte de Richard Dawkins y de Marc Bekoff, desde la historiografía por parte de Charles Patterson y de Marjorie Spiegel, desde la filología por parte de Joan Dunayer, desde la antropología [o antropozología] por parte de Hal Herzog, desde la teología por parte de Andrew Linzey. Estas menciones no aspiran a exponer una lista exhaustiva sino sólo reunir algunos ejemplos representativos. Creo que, incluso abarcando todos los documentos no filosóficos enfocados sobre el especismo, estaríamos de acuerdo en que apenas representan un minúsculo ámbito de investigación en comparación con el ingente volumen de la investigación filosófica.

Otra de las disciplinas de conocimiento que brilla por su ausencia en el estudio del especismo es la psicología. Esta falta de atención por parte de la psicología académica es denunciada por Lucius Caviola en este ensayo titulado «The Psychology of Speciesism: How We Privilege Certain Animals Over Others», el cual he podido traducir aquí con el permiso de su autor, y que representa un resumen introductorio de un artículo académico del propio Caviola publicado de forma conjunta con otros especialistas. Creo que el enfoque psicológico es muy importante para afrontar el problema del especismo. Caviola y sus colegas han realizado un buen trabajo, aunque apenas iniciático, que debilita gravemente la posición de aquellos que niegan la propia existencia del especismo, y  pienso que es una excelente noticia que el estudio sobre el especismo continúe vivo y extendiéndose en todos los ámbitos.

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Psicología del especismo: Cómo privilegiamos a unos animales sobre otros

Lucius Caviola

Febrero 2018

Nuestra relación con los animales es compleja. Hay algunos animales a los que tratamos muy amablemente; los mantenemos como mascotas, les damos nombres, y los llevamos al veterinario cuando enferman. A otros animales, en contraste, parece que no merecen ese estatus privilegiado; los usamos como objetos para consumo humano, comerciamos con sus vidas, los usamos como sujetos involuntarios en experimentos, como equipamiento industrial, o como fuente de entretenimiento. Los perros tienen un mayor valor que los cerdos, los caballos valen más que las vacas, los gatos valen más que las ratas, pero de lejos la especie más valiosa es la nuestra propia. Los filósofos han denominado este fenómeno de discriminar individuos según su asignación a una especie como especismo [Singer, 1975]. Algunos de ellos han argumentado que el especismo es un prejuicio análogo al racismo o al sexismo.

No obstante, si el especismo existe realmente y la manera en que esté relacionado con otras formas de prejuicio no es sólo una cuestión filosófica. Fundamentalmente, hay hipótesis sobre la psicología humana que pueden ser exploradas y testadas empíricamente. Sin embargo, el especismo ha sido casi enteramente ignorado por los psicólogos —excepto algunos pocos. Hay apenas unas 30 publicaciones en los últimos 70 años acerca de este tema según revela una búsqueda en Web of Science de los términos especismo y relaciones humano-animal en todas las publicaciones de psicología. Aunque esta búsqueda podría no ser totalmente exhaustiva, palidece en comparación con las casi 3000 publicaciones sobre la psicología del racismo en el mismo marco de tiempo. El hecho de que la psicología se haya desinteresado por el especismo resulta extraño, teniendo en cuenta la relevancia de la cuestión —todos interactuamos con los animales o comemos carne—, la prevalencia del tema en la filosofía, y la especial atención que pone la psicología en los otros tipos de aparente prejuicio. Investigar sobre cómo asignamos un estatus moral a los animales debería ser un tema obvio de investigación por parte de la psicología.

Junto con mis colegas Jim A.C. Everett y Nadira S. Faber, publicamos recientemente un artículo sobre el especismo en el Journal of Personality and Social Psychology [Caviola, Everett, & Faber, 2018]. Nuestro propósito era establecer el especismo como un tema en el terreno. Para ese fin, desarrollamos una Escala de Especismo: un instrumento de medida estandarizado, validado y fiable que permita evaluar hasta qué grado una persona asume perspectivas especistas. Nuestra investigación muestra que de hecho existe un singular constructo psicológico —el especismo— que determina hasta dónde discrimina la gente a los individuos de acuerdo a su pertenencia a una especie. Este constructo no es captado por otras medidas de prejuicio o prosocialidad y muestra algunas características interesantes.

Nuestra investigación muestra que los filósofos estaban en lo correcto cuando establecieron una analogía entre el especismo y otras formas de prejuicio. El especismo tiene una correlación positiva con el racismo, el sexismo, la homofobia, y parece sostenido por las mismas creencias socio-ideológicas. Al igual que el racismo y el sexismo, el especismo parece ser la expresión de una Orientación Social Dominante: la creencia ideológica de que la desigualdad puede ser justificada y que los grupos más débiles deben ser dominados por los grupos más fuertes [Dhont, et al., 2016]. Además, el especismo tiene una correlación negativa tanto con la empatía como con el pensamiento abierto. Los varones son más proclives a ser especistas que las mujeres. Sin embargo, no hay correlaciones con la edad o la educación.

El especismo también se manifiesta en la conducta en el mundo real. En nuestro estudio, el especismo predecía cuáles personas era más proclives a ayudar a los humanos antes que a los animales, o a los animales "superiores" antes que a los "inferiores". Por ejemplo, si existe la opción de donar a caridad para ayudar a perros o gatos, la gente es más proclive a ayudar a los perros que a los cerdos de acuerdo a su mayor puntaje en especismo. De manera similar, las personas que puntuaban más alto en especismo eran más proclives a ayudar a la gente sin hogar que a ayudar a establecer derechos básicos para los chimpancés. Finalmente, el especismo está relacionado con el vegetarianismo ético. Aunque el estudio muestra que no todos los que rechazan el especismo creen que comer carne sea incorrecto, observamos que las personas con mayor puntaje en especismo tendían a preferir un producto cárnico antes que un producto vegetariano.

Los críticos con el concepto de especismo a veces argumentan que la razón por la que nos preocupamos menos por los animales no es debido a la pertenencia a una especie en sí misma sino debido a que los animales no son inteligentes o no son capaces de sufrir al mismo nivel que los humanos. No obstante, nuestra investigación muestra que esa objeción no se sostiene. Es cierto que la gente percibe a los animales o a los animales "inferiores" como menos inteligentes o menos capaces de sufrir que los humanos o los animales "superiores". Sin embargo, en nuestro estudio, las creencias de la gente sobre los niveles de inteligencia de los individuos y su capacidad de sufrir sólo explica una pequeña parte de su conducta dirigida hacia ellos. De lejos, la explicación más sólida sobre el comportamiento de la gente es el especismo en sí mismo. Por ejemplo, incluso aunque la gente sabe que perros y cerdos poseen una inteligencia aproximadamente similar y una similar capacidad de sufrir, siguen mostrándose más proclives a ayudar a los perros que a los cerdos. Y cuando se les pregunta a quién elegirían ayudar entre un chimpancé y un ser humano que tuviera una severa discapacidad mental, la gente es más proclive a ayudar al ser humano que al chimpancé, incluso si creen que el chimpancé es más inteligente y más capaz de sufrir que el ser humano. Esto claramente sugiere que la pertenencia del individuo a una especie es en sí mismo un elemento clave en el modo en que valoramos, percibimos y tratamos a un individuo.

¿Qué podemos hacer con estos hallazgos psicológicos? Es importante señalar que esta investigación es puramente descriptiva. Esto nos dice sobre todo que el especismo es una realidad psicológica y que se muestra en nuestras actitudes, emociones y conductas respecto de los animales. Así como los filosófos han argumentado, el especismo es en efecto psicológicamente análogo a otras formas de prejuicio. Lo que queramos hacer con estos hallazgos es una cuestión moral aparte. Si consideramos que el racismo es incorrecto, y sabemos que el especismo y el racismo están psicológicamente relacionados, esto podría motivarnos a cuestionar si el especismo no debería ser considerado igualmente incorrecto. En todo caso, apenas acabamos de empezar a comprender los aspectos psicológicos del especismo. Con suerte, más investigadores comenzarán a reconocerlo y ayudarán a explorar este fenómeno en una manera más profunda.

Caviola, L., Everett, J.A.C., Faber, N.S. (In Press). The Moral Status of Animals: Towards a Psychology of Speciesism. Journal of Personality and Social Psychology.

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