29 de octubre de 2013

"!Salvemos a los delfines! !Matemos a los atunes!"


Envases de cadáveres de atunes con el sello "Dolphin Safe" que asegura que los delfines no han sido intencionalmente dañados. Los pescadores solamente han querido matar a los atunes (u otros peces). De este modo, los consumidores "conscientes" están satisfechos, la industria de explotación animal beneficiada gracias a su imagen de responsable, y el prejuicio del especismo aún mas reforzado si cabe. 

¿Y preguntan cuál es el problema con hacer campañas que discriminan entre especies y que, por tanto, no defienden los intereses de todos los animales? 

En artículos como «Delfines y otros animales», y también en «Acerca del especismo en el ámbito animalista», he expuesto algunas de las razones por las cuales las campañas animalistas que discriminan entre especies son moralmente inaceptables y contraproducentes en la práctica. No es necesario estar dotado de una especial perspicacia para darse cuenta de que, en un contexto social especista como es el nuestro, el hecho de hacer discriminaciones entre especies significa ignorar injustamente a una parte considerable de las víctimas de la opresión especista. Hacer una campaña a favor de los delfines tendría sentido si solamente los delfines fueran discriminados y explotados. Pero no es así. 

Organizaciones que sin reparo alguno se dicen "defensores de todos los animales", como es el caso notorio AnimaNaturalis, promueven activamente este tipo de campañas. Campañas como SOS Delfines, cuyos resultados ya estamos viendo. ¿Qué motivo justifica preocuparse solamente por los delfines cuando el resto de nohumanos son igualmente víctimas de la esclavitud que ejercemos sobre los demás animales? Ya se trate de una preferencia meramente personal, o de un prejuicio antropocentrista ("los delfines son cercanos a los humanos en inteligencia"), no hay ninguna razón moral que justifique realizar campañas especistas.

El especismo no es menos injusto aunque sea defendido por animalistas. Cada vez hay más personas concienciadas sobre el especismo, y también hay quienes comienzan a comprender que el especismo no debería ser tolerable tampoco cuando se trata de defender los derechos de los nohumanos. ¿Denunciamos la injusticia que es discriminar a los nohumanos de nuestra consideración moral al mismo tiempo que participamos y apoyamos campañas que discriminan injustamente entre las propias víctimas de la discriminación especista?


Por favor, reflexionemos honestamente sobre todo esto. Reflexionemos sobre la inmoralidad y  las nefastas consecuencias de las campañas especistas promovidas por activistas dicen que explotar a unos animales no está bien pero que no hay problema en explotar a otros. Esto es lo mismo que decir que violar a mujeres blancas no está bien pero que no hay problema en violar a mujeres negras.

Estas campañas no merecen nuestra ignorancia ni nuestra tolerancia, sino solamente nuestro rechazo. Ya sea una campaña a favor de los delfines, o a favor de los perros, o a favor de los primates. La especie es irrelevante. Todos los seres seres sintientes por el hecho mismo de ser sintientes tienen un igual valor intrínseco, y, por tanto, merecen la misma consideración y respeto básico. Las campañas especistas, sean del tipo que sean, contradicen esta noción moral básica y solamente sirven para reforzar aún más el especismo y para perjudicar a las víctimas de la explotación animal.



¿Son más importantes los chimpancés, delfines y elefantes?


27 de octubre de 2013

Hacemos lo que no debemos y no hacemos lo que debemos




Hemos esclavizado a todos los animales nohumanos del planeta, puesto que todos ellos son legalmente considerados propiedades de los humanos. Además, explotamos diariamente a miles de millones de ellos. Y, por si eso fuera poco, destruimos sus hogares, sus vidas y sus familias, con prácticas irresponsables y desconsideradas hacia sus intereses. 

Los bienestaristas están difundiendo la idea de que el ecologismo nada tiene que ver con el "movimiento animalista". Pero lo cierto es que el ecologismo - el respeto al medio ambiente - sí tiene que ver, y mucho, con respetar a los demás animales, ya que el medio ambiente es el lugar en que ellos tienen sus hogares y de donde obtienen sus recursos. (Los humanos también, pero de una forma más indirecta o compleja).

Debemos respetar el medio ambiente no porque el agua, el aire o la tierra tengan un valor intrínseco, o merezcan respeto por sí mismos, sino solamente porque son esenciales para los intereses de los seres sintientes de este planeta, incluyendo obviamente a los seres humanos. Es evidente que el ecologismo y la defensa de los Derechos Animales no son lo mismo (de igual modo que el ecologismo no es lo mismo que el movimiento de Derechos Humanos). Pero el ecologismo es compatible con los Derechos Animales. El problema del ecologismo está en el sesgo especista que adopta.

Si defendemos la liberación animal esto sólo puede significar, en coherencia, que nos liberamos de nuestro prejuicio especista y liberamos a los demás animales de nuestra dominación sobre ellos. En otras palabras: emancipar a los animales nohumanos del estatus de propiedad, para ser reconocidos como personas con derechos. 

Por supuesto, los partidarios del bienestarismo están en contra de este planteamiento y solamente aspiran a replantear nuestra yugo para hacerlo más "humanitario", modificar la esclavitud para garantizarles un bienestar a nuestros esclavos nohumanos. De ahí el término bienestarismo: solamente les importa el bienestar ("reducir el sufrimiento" & "fomentar el placer") mientras que al mismo tiempo ignoran el respeto por la igualdad, los derechos y el valor intrínseco de la persona. 

El movimiento bienestarista no es el mismo ni es compatible con el movimiento del veganismo. 

Esta radical diferencia apenas es advertida cuando resulta de la mayor importancia. 

Solamente un profundo cambio de conciencia puede cambiar esta situación. Un cambio en nuestra mentalidad que nos lleve a cambiar de actitud y de conducta. No hay otro camino posible. ¿Cómo vamos a cambiar nuestra forma de comportarnos si no cambiamos primero nuestras ideas, creencias y motivaciones que son las que condicionan la conducta que llevamos a cabo cada día?
       

25 de octubre de 2013

No es casualidad




Feminista: "Toda mujer tiene derecho a no ser violada ni coaccionada sexualmente por motivo alguno."
Feminista: "Toda mujer tiene derecho a decidir sobre su propia vida y a no ser utilizada sin su consentimiento explícito para beneficio de otros.
Feminista: "Toda mujer tiene derecho a ser respetada y que sus intereses sean tenidos en cuenta en igualdad de condiciones sin que sean supeditados o ignorados por los intereses de los varones. 
Cualquier coincidencia o similitud no es casualidad.




La relación de opresión siempre sucede del mismo modo: quienes tienen poder explotan a quienes no lo tienen. Ocurre con humanos que explotan a otros humanos y sucede con humanos que explotan a animales de otras especies.

23 de octubre de 2013

Ciencia, cientificismo y filosofía



«Lo que nunca podrá hacer la ciencia en general es reemplazar las cuestiones normativas con las científicas.» ~ T. Buller

¿Qué es eso del cientificismo —o cientifismo? 

El profesor Carlos Javier Alonso, en su artículo «Panorama histórico del cientificismo»,  lo define así: 
«El cientificismo constituye la  teoría en virtud de la cual los únicos conocimientos válidos son  los que se adquieren mediante las ciencias experimentales, y la  investigación científica basta para satisfacer las necesidades de la inteligencia humana. El cientificismo conforma entonces una absolutización de la ciencia, al tiempo que una injustificada restricción del saber humano que lo reduce exclusivamente al conocimiento científico.»
Esta definición se refiere principalmente al cientificismo en su versión epistemológica.

Ahora bien, ¿todo conocimiento válido es ciencia y sólo el conocimiento científico es el único válido? Mi respuesta sería negativa. Y no me haría falta apelar al arte o a cualquier otra manifestación cultural humanística, como erróneamente se suele hacer, para esclarecer el asunto. Pongamos como ejemplo a la lógica: la lógica no es ciencia sino que, al contrario, la ciencia necesita basarse en la lógica. 


Del mismo modo, las matemáticas tampoco son ciencia, pero la investigación científica necesita de las matemáticas. Ni la lógica ni las matemáticas son ciencias, no utilizan el método científico ni se refieren a hechos empíricos, sino que tienen su propio ámbito y método de investigación. 

Ciencias, en sentido estricto, son la física, la química, la geología o la biología. Es decir, todo aquel conocimiento que haga referencia a entidades empíricamente comprobables y que se puedan cuantificar, calcular y medir.

Por otro lado, la filosofía existe de forma autónoma y previa a la ciencia. De hecho, la ciencia necesita fundamentarse en bases filosóficas. Así lo argumenta Mario Bunge, al exponer que la ciencia se basa presupuestos teóricos como el materialismo que no pueden ser explicados ni demostrados por el método científico.

Según explica el famoso filósofo de la ciencia, Thomas Kuhn, han habido distintos versiones de la ciencia a lo largo de la historia, y el paradigma que ha sostenido cada versión de la ciencia estaba basado en teorías filosóficas (atomismo, escolástica, racionalismo, empirismo). Se podría decir razonablemente que la ciencia es realmente una rama o derivación de la filosofía, que se dedica al estudio de lo que denominamos naturaleza o mundo natural.

O como afirma Daniel Dennet
«En primer lugar hay que aclarar que no existe la ciencia libre de filosofía. Hay ciencia en la que no te tomas la molestia de examinar tus presupuestos filosóficos, y ciencia en la que sí lo haces, pero siempre hay presupuestos filosóficos.»
La ciencia existe fundamentada en prepuestos filosóficos como el naturalismo, el realismo y el materialismo. El error precisamente está en creer que la ciencia existe en un vacío o de manera independiente, cuando en realidad es consecuencia de una determinada forma de ver el mundo. Aunque el hecho de que haya diversas teorías filosóficas o visiones del mundo no significa que todas sean igualmente correctas desde el punto de vista de la lógica y los hechos empíricos.

El marco y la actuación que configura la actividad científica está condicionados por el sistema de valores, tal y como lo explica Yuval Noah Harari:
«La ciencia no puede existir por sí misma. Siempre necesita de la alianza de una ideología o de una religión. La ciencia no puede responder a cuestiones de valor: ¿qué es bueno o malo? ¿Qué es más importante? La ciencia solo puede decir cómo funciona algún aspecto de la realidad, pero no existe una forma científica de decidir qué es más importante cuando se produce un conflicto entre valores. Como siempre hay que tomar decisiones, la ciencia requiere de una ideología. Imaginémonos que disponemos de una cantidad limitada de dinero para investigar. Esta situación obliga a tomar una decisión sobre cómo invertiré el dinero, si quiero estudiar el cáncer, hacer investigación en arqueología o bien llegar a Marte. ¿Qué es más importante? Puedo invertir el dinero en un estudio para incrementar la producción de leche con ingeniería genética; o bien en otro estudio que se centre en el sufrimiento de las vacas cuando las separan de los terneros, con la finalidad de reducir este sufrimiento. La ciencia no puede elegir qué estudio es mejor, pero la ideología, sí. Desde el capitalismo se afirmará que hay que incrementar la producción de leche. Para los defensores de los Derechos Animales, en cambio, la elección será diferente. La agenda de la ciencia la dicta la ideología o la religión.»
La postura cientificista postula que la ciencia reduce y, finalmente, elimina el ámbito de actuación que pertenece a la filosofía. Pero no hay ninguna razón que justifique semejante idea. Lo que la ciencia propiamente estudia nunca ha sido objeto de estudio de lo que entendemos por filosofía. A no ser que nos refiramos, claro, a la "filosofía natural" que fue una rama de la propia filosofía antes de convertirse en lo que hoy entendemos por ciencia. Pero la ciencia no estudia los conceptos, ni los valores, ni las categorías.

Si uno se fija detenidamente podrá apreciar que el cientificismo necesita hacer una argumentación filosófica —no científica— para poder auto-justificarse. Necesita exponer argumentos filosóficos para intentar convencer de que sólo la ciencia, y nada más que la ciencia, es conocimiento realmente válido. Pero, claro, la explicación que aporta para ello no es científica, sino puramente filosófica. Luego el cientificismo se refuta a sí mismo, al utilizar una forma de conocimiento —la lógica— que no pertenece al método científico, ni se deduce del método científico, para explicarse a sí mismo. 

En su obra Breve Historia de la Filosofía, el académico Justus Hartnack - comentando el pensamiento de Hegel - expone de este modo la singularidad de la filosofía: 
«Lo que la filosofía es, y hace, se puede expresar en diferentes modos; pero un modo de hacerlo es decir que la filosofía trata de categorías. Y la naturaleza lógica y la existencia de las categorías, evidentemente no puede ser afirmada ni negada por la experiencia, pues la experiencia presupone las categorías, y de esto se sigue que las categorías en sí no pueden ser objeto de la experiencia. Sin embargo, la filosofía es aplicable a la experiencia por el hecho de que nada puede ser experimentando, concebido, pensado, entendido, ni descrito, sin la ayuda de las categorías. (...) La filosofía no trata del contenido de la realidad, sino de la estructura lógica de la realidad. Y la estructura lógica de la realidad se define en términos de los conceptos, categorías que condicionan todo pensamiento y comprensión de la realidad.»
De hecho, es razonable suponer que la ciencia más bien ha aumentado el ámbito de actuación de la filosofía, ya que el progreso científico y tecnológico ha motivado que surjan cuestiones y problemas que anteriormente no existían. No hay más que echar un vistazo a la física cuántica o la neurociencia, que son disciplinas científicas cargadas profusamente de especulación filosófica. Por no hablar de la bioética, surgida hace pocas décadas, que focaliza la reflexión moral en cuestiones como el aborto, la eutanasia, la clonación, y otros temas directamente relacionados con la medicina y la salud, a los que la ciencia no puede aportar ninguna respuesta sobre su moralidad. 

La ciencia puede explicar, entre otras muchas cosas, cómo se produce el proceso de clonación, y cómo llevarlo a cabo, pero debido a su propia idiosincrasia simplemente no puede decirnos si debemos o no debemos hacerlo, si está bien o mal en sí misma.

En su Diccionario Filosófico, André Comte-Sponville apuntaba esta reflexión acerca del cientificismo:
«El matemático Henri Poincaré dijo lo que había que decir contra esa peligrosa necedad: «Una ciencia siempre habla en indicativo, nunca en imperativo». En el mejor de los casos, [la ciencia] dice lo que es; la mayoría de las veces, lo que parece o puede ser; y en ocasiones, lo que será. Pero nunca lo que debe ser. Por eso no puede reemplazar a la moral, ni a la política.»
Es decir, el cientificismo en versión moral significa considerar que todo aquello que sea ciencia es aceptable sin tener en cuenta consideraciones éticas o, también, que una teoría científica - sobre hechos empíricos, naturales - puede funcionar como una teoría normativa moral.

Pero la ciencia absolutamente nada nos puede decir acerca de cuestiones morales

La ciencia no puede explicar si está bien o está mal el hecho de utilizar a individuos que no hayan dado su consentimiento para experimentar con ellos y provocarles daño, sufrimiento y muerte. La ciencia no puede proporcionar ningún criterio ni juicio normativo acerca de la moralidad de esos hechos. Es la ética —una parte de la filosofía— la que nos permite hacer evaluaciones morales a partir de principios, valores y criterios que distinguen entre lo correcto y lo incorrecto, entre el bien y el mal.

Del mismo que criticar el racismo no significa atacar a las razas (ya sea el concepto o a quienes las componen), o criticar el antropocentrismo no implica atacar a la humanidad, el hecho de criticar y refutar el cientificismo no tiene relación alguna con atacar a la ciencia, sino solamente con hacer ver que detrás de lo que el cientificista llama "ciencia" se esconde en realidad una particular visión del mundo que se pretende imponer como única y absoluta utilizando como excusa para ello a a la ciencia y distorsionando su significado.

Hablar de "la evolución" como si fuera una entidad, una persona, que tiene propósitos, planes e intenciones conscientes, demuestra hasta qué punto la mentalidad religiosa no nos ha abandonado, incluso dentro de un contexto racional-científico, sino que simplemente se sustituye a una pretendida divinidad por otra a la que dicen que debemos rendir pleitesía y obedecer sus deseos.

Tzvetan Todorov denuncia que el cientificismo pretende utilizar las conclusiones de la ciencia como si fueran normas morales:
«Los valores resultan de la naturaleza de las cosas, son un efecto de las leyes naturales e históricas que gobiernan el mundo y, por lo tanto, corresponde de nuevo a la ciencia dárnoslos a conocer. El cientificismo consiste, efectivamente en fundar, sobre lo que creemos son los resultados de la ciencia, una ética y una política (…) la ciencia, o lo que se percibe como tal, deja de ser un simple conocimiento del mundo existente para convertirse en generadora de valores, al modo de una religión; puede por tanto orientar la acción política y moral. Conocer la verdad para que el orden de la sociedad se adapte a ella…»
El argumento cientifista en el fondo no es más que otra enésima versión de la falacia naturalista. Se pretende justificar determinada ideología o status quo apelando a determinados hechos que podemos encontrar en la naturaleza.

El cientificismo, al igual que muchas doctrinas políticas totalitarias, consiste en eliminar cualquier tipo de reflexión filosófica acerca de los presupuestos que fundamentan la ciencia, convirtiéndose ésta en una especie de escolástica dogmática que ya no puede ser cuestionada y que impone sus criterios arbitrariamente. De nuevo, en palabras de Todorov:
«Hay que insistir en ello: el cientificismo no es la ciencia, es más bien una concepción del mundo que creció, como una excrecencia, en el cuerpo de la ciencia. Por esta razón, los regímenes totalitarios pueden adoptar el cientificismo sin favorecer, necesariamente, el desarrollo de la investigación científica. Y con razón: ésta exige someterse sólo a la búsqueda de la verdad, no al dogma.»
Los reaccionarios siempre han tratado de usar la ciencia para intentar justificar la violencia y el odio contra otros. A esta postura se la ha denominado tradicionalmente "darwinismo social". Pero no es ciencia, sino mera ideología. En el fondo es simplemente fascismo: los poderosos tienen derecho a pisotear a los débiles.


Artículos relacionados:

…Y del cientificismo a las humanidades

20 de octubre de 2013

Carta desde un mundo vegano



Queridos amigos y compañeros activistas,
En un momento en que la mayoría de organizaciones de derechos animales están activamente promoviendo, recompensando y defendiendo los productos animales y métodos de ganadería "humanitarios", os escribo por tres de los receptores de esa compasión.
Para la industria, ellos son conocidos como las unidades de producción número 6, número 35 y número 67.595. Para el consumidor "compasivo", ellos son conocidos como etiquetas que te hacen sentir bien: "leche orgánica", "ternera rosada", "huevos camperos". Para los defensores del bienestar animal, ellos son conocidos como "alternativas humanitarias". Entre ellos, se conocen como madre, hijo, hermana y amigo. Para ellos mismos, ellos son simplemente lo que tú y yo somos para nosotros mismos: un mundo auto-consciente, auto-contenido, de experiencias subjetivas, sentimientos, miedos, recuerdos -alguien con la certeza absoluta de que su vida merece ser vivida.
#6 es una madre primeriza. Está frenética. Su bebé está ausente. Camina desesperadamente arriba y abajo del corral, mugiendo y llorando, y llamando a su chico perdido, temiendo lo peor, confirmando sus miedos. Ella es una de las miles de hembras indefensas nacidas en un granja orgánica verde típica de lácteos. Ella pasará toda su corta vida lamentando la pérdida de bebé tras bebé. Será ordeñada incansablemente a través de repetidos ciclos de embarazos y desamparo. Su única experiencia de maternidad será la de la peor pérdida para una madre. En el punto álgido de su vida, su cuerpo cederá, su espíritu se romperá, su "producción" de leche declinará, y será enviada a una horrible matanza, junto con otras madres apenadas, derrotadas, y "gastadas" como ella misma. 


#35 es un bebé de dos días, su cordón umbilical está todavía unido, su pelaje está todavía viscoso con los fluidos del parto, sus ojos están desenfocados, sus piernas, tambaleantes. Está llorando lleno de pena por su madre. Nadie responde. Él vivirá toda su corta vida como huérfano, su única experiencia de amor materno será aquel que ansía, su única experiencia de conexión emocional, una de ausencia. Pronto, el recuerdo de su madre, su cara, su voz, su olor, se perderá, pero el anhelo irreprimible y doloroso por su calor todavía seguirá ahí. 
A los cuatro meses de edad, él y otros huérfanos como él serán encerrados en camiones y transportados a la matanza. Según será arrastrado a la planta de matanza, todavía estará buscando a su madre, necesitando todavía desesperadamente su presencia protectora, especialmente en el oscuro momento en que estará aterrado y necesitándola más que nunca en medio de las terribles visiones, y sonidos, y olores de la muerte alrededor suyo y, en su desperación, en su deseo por una pizca de consolación y protección, él, como muchos terneros bebés, tratará de chupar los dedos de sus matarifes


#67.595 es una de las 80.000 aves en un centro de huevos "camperos" dirigido por una familia. Nunca ha visto el sol ni sentido la hierba bajo sus pies, nunca ha conocido a su madre. Sus ojos le queman por la picazón de los vapores de amoniaco, su cuerpo sin plumas está cubierto con heridas y abrasiones, sus huesos son quebradizos por el constante drenaje de la producción de huevos, su pico cortado está palpitando por el dolor. Está exhausta, agotada y vencida. Tras toda una vida de privación social, psicológica, emocional y física, ella le hace frente picoteando neuróticamente a objetivos inexistentes durante horas. 
Tiene dos años y su vida se ha acabado. Su producción de huevos ha descendido, y será eliminada por los medios más baratos posibles  -será gaseada junto con las otras 80.000 aves de su comunidad -. Esto requerirá tres días completos de trabajo para finalizar la tarea. Durante dos largos días, oirá los sonidos y respirará los olores de sus hermanas siendo matadas en cámaras de gas fuera de su nave. El tercer día será su turno. 
Ella será agarrada por las piernas y llevada fuera por primera vez en su vida y, como cada una de las 80.000 gallinas "gastadas", como cada una de las 50 mil millones de víctimas anuales de nuestro apetito, ella luchará por seguir viviendo, y no aceptará ninguna explicación ni justificación por ser robada de su patética y única vida. 



Estos son los "beneficiados" de las "prácticas humanitarias de ganadería" que nosotros, los defensores de los animales, estamos desarrollando, promoviendo y recompensando públicamente al animar a los consumidores "compasivos" a comprar los productos de los que sabemos que no son más que miseria. Prácticas "humanitarias" que, si cualquiera de nosotros fuese forzado a padecer, ninguno experimentaría como "humanitario".
¿Por qué somos tan pocos contando la verdad? ¿Por qué estamos describiendo los productos "extensivos" como "humanitarios" cuando sabemos el horror que tales prácticas infligen en sus víctimas? ¿Por qué estamos mintiendo a la sociedad, y a nosotros mismos, sabiendo que la ganadería "compasiva" no es más que un mito, un esquema de márketing, una etiqueta engañosa? ¿Por qué tantos de nosotros ofrecemos las vidas de los animales animando al consumo de su carne, huevos y leche, cuando nuestro único deber es luchar por sus vidas como si fuesen las nuestras? ¿Por qué estamos promoviendo la práctica de consumir animales cuando sabemos que es brutal, inexcusable, inconsciente y completamente innecesaria? ¿Por qué estamos recompensando a los consumidores por demandar más de lo mismo por lo que estamos luchando por eliminar? ¿Por qué estamos reforzando y recompensando las suposiciones especistas arraigadas de este mundo, cuando nuestro trabajo, nuestro único trabajo, como educadores veganos y activistas, es cuestionar y cambiar esas suposiciones ofreciendo un nuevo modelo de pensamiento sobre los animales no-humanos, un nuevo modelo de interactuar con ellos, una nueva práctica de vivir, un nuevo modo de ser en el mundo?
Muchos de nosotros justificamos nuestro apoyo a los productos animales "humanitarios" y nuestra búsqueda de reformas bienestaristas diciendo que el mundo no está listo para el cambio, que puede que nunca se haga vegano, que lo más que podemos esperar alcanzar en este tiempo intermedio es reducir el sufrimiento de los animales que hoy son condenados. Pero esto no es verdad. Esto no es un hecho. Es un miedo - un miedo a la acción, un fallo de voluntad, una actitud derrotista y, finalmente, una profecía que se auto-satisface.
La verdad es, que el mundo puede cambiar. De hecho, el mundo ha cambiado muchas veces en el pasado, y ha cambiado de modos que parecían imposibles en aquellos momentos. La verdad es, que el mundo cambiará, pero sólo si trabajamos por crear ese cambio. Permanecerá siendo el mismo si nosotros, los auto-proclamados agentes del cambio, animamos a que siga igual. 
Cambiará si todos nosotros decimos la completa verdad de que no hay tal cosa como ganadería compasiva, o utilización de animales nohumanos de cualquier tipo, la verdad es que la única alternativa humanitaria es vivir de forma vegana; la verdad es que la explotación de animales nohumanos en cualquier escala es un desastre ético; la verdad es que los demás animales son personas como tú y yo que resulta que no son humanos y que tienen el mismo derecho inherente a la vida y libertad que tú y que yo. La verdad es que vivir vegano no es un "estilo de vida", sino un imperativo moral.
Podemos hacerlo mejor. De hecho, tenemos una obligación de hacerlo mejor.
Os invito a que veáis por vosotros mismos cuánto se puede conseguir cuando un pequeño grupo de activistas dedicados ofrecen todo su tiempo y recursos a la educación vegana que es consistente, y no socava, nuestra meta última - la Liberación Animal - y cuando el mensaje Hazte Vegano es central en cada una de nuestras comunicaciones, desde recursos en internet, al material impreso, anuncios, protestas, vallas publicitarias, eventos de concienciación, hasta en la exploración en profundidad de la personalidad de los animales nohumanos detalladas en los retratos individuales publicados en el blog de Peaceful Prairie.
Con un presupuesto reducido, con un núcleo de educadores veganos formado totalmente por voluntarios que están determinados a contar toda la verdad sobre la carne, los lácteos y la producción de huevos; una pequeña organización de base como Peaceful Prairie ha construido algo que las grandes y adineradas organizaciones no sólo han fallado en sacar adelante, sino que han minado consistentemente a lo largo de años de activismo anti-vegano: un vibrante mundo vegano creciendo en medio de un mundo no-vegano, un lugar donde los animales nohumanos son considerados y representados como las personas que justamente son. Un lugar donde los humanos defienden incansablemente nada menos que la total liberación, un estado libre en el corazón de un mundo subyugado por los humanos, un lugar donde los principios de la abolición son aplicados en palabra, pensamiento y hecho. Un enclave vegano cuya misma presencia ya ha cambiado la geografía física, política, psicológica y espiritual del mundo.
Os invito a que lo experimentéis por vosotros mismos. Uníos a nosotros en nuestra lucha por extender su alcance. Ayudadnos a hacer que no tenga fronteras.
Joanna Lucas,

Peaceful Prairie

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17 de octubre de 2013

Animalistas fomentado la explotación de animales nohumanos (I)





Aquí dejo una breve recopilación de cómo las organizaciones animalistas, en su gran mayoría, se dedican a fomentar el especismo y a promover que la sociedad siga esclavizando a los animales nohumanos.





Las gallinas (y otros animales) no nos dan sus huevos. Otras personas se los roban. Ellas no han dado su consentimiento para que se los quiten. Por tanto, lo justo no es consumir huevos de marca "0" (cero), o de cualquier otra denominación. Lo justo es consumir cero huevos.

Quitarle, a alguien, algo que es suyo es explotarlo. Explotar a alguien significa tratarlo como si fuera un simple medio para conseguir un fin, ignorando sus intereses y su voluntad. El robo se encuadra dentro de la explotación. El consentimiento tiene que ser explícito. Si no es explícito entonces no hay consentimiento, por definición. No podemos saber lo que haría en el caso de qe pudiera dar su consentimiento. Así que es meramente especular. Al igual que el resto de animales nohumanos, las gallinas no pueden darnos su consentimiento, lo cual equivale a una negativa. Por tanto, no es justo utilizarlas en modo alguno. 

Por causa del consumo de huevos, miles de millones de gallinas –y otros animales– en todo el mundo son privadas de libertad y enviadas al matadero cada día. 

Todo lo referente a la cuestión del consumo de huevos lo sinteticé en dos artículos que enlazo a continuación:

- El numerito de los huevos


Consumir productos que provienen de la explotación animal no es respetar a los demás animales. Es justo lo contrario de respetarlos: es explotarlos.

El problema de fondo es seguir viendo a los demás animales como recursos que existen para beneficiarnos a nosotros. Ése es el problema principal. Todo lo demás son consecuencias de ese prejuicio.





Anima Naturalis en general se dedica a fomentar el especismo y la explotación de animales nohumanos. Aquí mismo se puede ver una campaña que asesora sobre la forma "correcta" de explotar los animales nohumanos que son esclavizados.

Si solamente se denuncia las "jaulas de gestación" entonces eso quiere decir que explotar a los nohumanos está bien si se hace sin esas jaulas. Es la consecuencia lógica que se deriva de esta campaña. Esto es lo que está promoviendo Anima Naturalis con esta campaña: que sigan explotando a los animales nohumanos pero sin esas jaulas determinadas.

Se suele alega que la intención de esta campaña es "reducir el sufrimiento" de los animales esclaviazados. Pero en verdad no existe ninguna prueba objetiva que demuestre que esa medida reduzca el sufrimiento. Además, intentar reducir el sufrimiento no justifica apoyar una campaña especista y que fomenta la explotación de animales nohumanos. Del mismo modo que intentar reducir el sufrimiento de las víctimas de la violación sexual no justifica que se hagan campañas a favor de una violación con "menos sufrimiento".

Con esta campaña no se consigue "reducir el sufrimiento" sino que en realidad se ayuda a perpetuarlo. En lugar de promover el veganismo, se promueve la explotación animal, con lo cual se desaprovecha una oportunidad para ayudar a la gente a que se haga vegana y se refuerza el prejuicio de que no hay nada de malo en utilizar a los demás animales para nuestros fines.



Lo cual sería como decir "Asesinato sí, pero legal". Éste es el animalismo del PACMA, y, en general, de todas las organizaciones especistas y bienestaristas que se dicen "defensoras de los animales"

Imaginemos que un defensor de los Derechos Humanos pidiera a los practicantes de la ablación (mutilación genital femenina) que deben ajustar su ritual de mutilación a las leyes actualmente vigentes. ¿Eso es promover los Derechos Humanos?

Si estamos en contra del asesinato de nohumanos entonces da igual si esa ley esclavista se cumple o no. Eso sólo le podría importar a alguien que está a favor de dicha ley. Los que estamos en contra de la explotación animal nos resulta indiferente, puesto que la ley es injusta en sí misma y no debería siquiera existir.

La cuestión es que no tenemos derecho a utilizar a los demás animales para nuestros fines. La cuestión es que hemos esclavizados a los nohumanos. Por tanto, lo justo es abolir dicha esclavitud. El sufrimiento no es la cuestión. La cuestión es la esclavitud y cualquier forma de utilización de animales nohumanos.

No debemos aceptar esa impostura que dice que todos "defendemos lo mismo" o que todos "estamos en el mismo barco." Estar en contra del sufrimiento no es lo mismo que estar en contra de la esclavitud. Lo primero es bienestarismo y lo segundo es veganismo. Son dos posturas distintas y no se pueden compatibilizar.


Por desgracia, los bienestaristas que no comen animales se autodenominan veganos con lo crean más confusión de la que ya hay.

Nadie que promueva la explotación de animales nohumanos es vegano. En el caso de que nos importe míninamente la coherencia entre las ideas y las acciones. No importa qué consuma o haga en su vida personal. Animar a la gente a que asesine animales nohumanos de acuerdo con la legislación vigente es promover y apoyar la explotación especista.

Si estamos a favor del veganismo y los Derechos Animales, lo coherentes es que pidamos públicamente que la gente deje de comer animales nohumanos y de utilizarlos para cualquier propósito. Lo que no es coherente es que les animamos a que utilicen animales nohumanos de acuerdo con la actual legislación vigente que regula la esclavitud de los nohumanos.

El problema de fondo y lo que sucede en realidad es que los bienestaristas están en contra del sufrimiento pero no están en contra de la esclavitud ni la explotación en sí misma. Si están en contra de la esclavitud –o de ciertas formas de esclavitud– es porque consideran que provoca sufrimiento, pero si provocara placer entonces se pronunciarían a favor de la esclavitud. Y por lo tanto apoyan cualquier cosa, lo que fuera, que supuestamente ayude a reducir o eliminar el sufrimiento. Porque ése es su objetivo; y no el de respetar y proteger los derechos de los animales. Éste es el centro de la cuestión, y no otro.

12 de octubre de 2013

Especismo: el folleto original




Este texto es una traducción de un artículo de Richard Ryder que trata acerca del manifiesto original que él mismo publicara en el año 1970 y en el cual, por primera vez en la historia, aparecía mencionado el termino especismo. El texto tiene importancia histórica más que propiamente filosófica, pero no cabe duda de que podemos hablar de un antes y un después, en el terreno de la ética, a partir de la aportación de Ryder. 

Como se podrá apreciar, Ryder solamente habla acerca de la experimentación y acerca del sufrimiento. Desde entonces, esos han sido los puntos dominantes en su obra. Y lo cierto es que ni siquiera define lo que entiende por especismo, sino que más bien lo da por supuesto o asume que sus lectores lo entenderán de forma intuitiva. A pesar de todo, creo que es interesante leerlo. 

¿Cuándo se añadirá el término especismo al diccionario? Supongo que cuando la mayoría de gente conozca la palabra, y su significado, y se extienda su uso de forma habitual. Pero de momento no es así. Por eso es tan importante concienciar sobre el especismo, porque la gran mayoría de la sociedad no tiene apenas noción de que haya algo injusto en nuestra actual relación opresora y esclavista sobre los demás animales. 

Educar sobre el especismo ayuda en gran medida a tomar conciencia sobre esa injusticia, y ése es el primer paso necesario para poder erradicarla.

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Las revoluciones de los años 60 contra el racismo, el sexismo y el clasismo se olvidaron de los animales nohumanos. Esto me preocupaba. Tanto la ética como la política simplemente ignoraban por completo a los nohumanos. Todo el mundo parecía preocupado sólo por reducir los prejuicios contra otros seres humanos. ¿Acaso no habían oído hablar de Darwin? Yo también detestaba el racismo, el sexismo y el clasismo, pero ¿por qué limitarse a eso? 
Como científico, yo entendía que miles de otras especies también sufrían dolor, miedo y estrés, al igual que nosotros. Por eso necesitábamos establecer un paralelismo entre la situación de las otras especies y la nuestra propia. Un día, en 1970, mientras reposaba en la bañera, me llegó la idea: ESPECISMO.

Rápidamente escribí un folleto y lo hice circular por Oxford. Al no recibir ninguna réplica, lo reimprimí con la imagen de un pobre chimpancé que había sido infectado experimentalmente con sífilis. Le pedí permiso a mi amigo David Wood para añadir su nombre al folleto y así poder difundirlo por toda la universidad. Entonces sí que recibí algunas respuestas. Una de ellas provenía de un joven estudiante de filosofía llamado Peter Singer, con el que estuve contacto durante varios meses.
Desde entonces han pasado muchas cosas. 
El panfleto que escribí en 1970 decía lo siguiente:
ESPECISMO
Desde Darwin, los científicos han estado de acuerdo en que no hay una diferencia esencial entre los humanos y los demás animales, desde un punto de vista biológico. ¿Por qué entonces hacemos una completa distinción moral entre ambos? Si todos los organismos pertenecemos a un continuo físico, entonces también debemos formar parte de un continuo moral.
El término "especie", al igual que el término "raza", no es definible con precisión. Leones y tigres pueden tener descendencia común.
Bajo ciertas condiciones de laboratorio, pronto será posible cruzar a un gorila con un profesor de biología. ¿Su retoño será encerrado en una jaula o recostado en una cuna?  
Es habitual describir al hombre de Neandertal como una especie separada de la nuestra, preparada especialmente para sobrevivir durante la era glacial. Sin embargo, muchos antropólogos consideran que aquellos no-humanos practicaban ritos funerarios y poseían un cerebro más grande que el nuestro. Suponiendo que el famoso abominable hombre de las nieves [Yeti] resultara ser un último superviviente de aquella especie, ¿le reconoceríamos derechos humanos o le implantaríamos electrodos en su cerebro? 
Utilizo estos ejemplos hipotéticos para llamar la atención sobre lo ilógica que es nuestra actual postura moral respecto de los experimentos con otros animales. 
Alrededor de cinco millones de animales nohumanos, muchos de ellos primates como nosotros, son asesinados cada año, solamente en el Reino Unido, y su número sigue creciendo.  
Aparte del derecho a la vida, un otro criterio moral es el sufrimiento, el sufrimiento que causa el confinamiento, el miedo, y el tedio, así como el dolor físico. 
Si asumimos que el sufrimiento es una función del sistema nervioso entonces es ilógico alegar que los otros animales no sufren de forma similar a nosotros. Precisamente debido a que los otros animales tienen un sistema nervioso muy similar al nuestro es uno de los motivos por los que son estudiados.
Los únicos argumentos en favor de los experimentos sobre animales no humanos son: [1] que el avance del conocimiento justifica cometer cualquier mal; pero ¿realmente esto es así? y [2] que los beneficios que podamos obtener para nuestra especie justifica maltratar a las otras especies —esto sería un argumento de peso en el caso de que los experimentos causaran el mínimo sufrimiento y la probabilidad de éxito fuera muy grande, pero incluso en ese caso habría especismo, y además se trata de un argumento emocional y no racional. 
Si creemos que está mal infligir sufrimiento a animales humanos inocentes, entonces lo único que tiene lógica —filogenéticamente hablando— es extender también nuestra consideración a los derechos elementales de los animales no humanos.
No tengas miedo a expresar tus puntos de vista. Ponte en contacto con políticos, profesores, periodistas, acerca de esta importante cuestión moral.
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6 de octubre de 2013

Lo Que Podemos Hacer





Si tenemos claro que el especismo es un error, y que todos los animales sintientes merecen el mismo respeto básico, y que no tenemos legitimidad moral alguna en utilizarlos como medios para nuestros fines, la cuestión que suele surgir a continuación es: ¿Qué podemos hacer para solucionar la injusticia del especismo y la explotación de animales nohumanos?

Muchos activistas creen que la solución está en presionar políticamente para que se voten leyes que protejan a los demás animales. Pero este enfoque es erróneo porque no tiene en cuenta que la actual condición de propiedad de los animales nohumanos impide que la legislación pueda ser una herramienta útil para conseguir que se les reconozcan derechos. Las propiedades no pueden tener derechos.

Las leyes no pueden proteger a los animales nohumanos. Ellos están sometidos a la condición de propiedad de los humanos. La ley solamente puede regular la forma en que los humanos utilicen a los demás animales, y no puede reconocer ni proteger los intereses de los nohumanos. Así lo destaca Gary Francione:
«Los activistas por los animales creen que el sistema legal es una institución dedicada a algún concepto abstracto de “justicia”. No es así. La ley es una institución política que existe para servir a los intereses de hombres ricos y da nada o casi nada a todos los demás. [...] El sistema legal nunca responderá de modo diferente a cuestiones relacionadas con animales a menos que y hasta que haya un cambio social significativo de manera que haya más gente que acepte la legitimidad de la abolición —el veganismo— en su vida cotidiana. Sólo entonces el sistema legal empezará a ser una herramienta útil para la lucha.»
Los seres legalmente considerados propiedad no pueden tener intereses protegidos por la ley. Mientras no sea abolido el estatus de propiedad de los animales nohumanos, sus intereses estarán siempre sometidos y vulnerados en favor de los intereses humanos. A efectos prácticos, los nohumanos son esclavos de los humanos.

Otros activistas piensan que la denominada "acción directa" —destruir o sabotear los centros de explotación— puede ser el remedio que logre la liberación de los nohumanos. Sin embargo, no importa cuántos esclavos liberemos o cuántos edificios destruyamos. Mientras el especismo siga predominando en la sociedad, mientras la gente esté convencida de que tenemos derecho a utilizar a los demás animales en nuestro beneficio, las consecuencias de esta mentalidad seguirán surgiendo interminablemente. Atacar los síntomas del especismo no erradica el problema.

Por otro lado, si estamos convencidos que todos los animales merecen el mismo respeto y no ser discriminados por su especie, entonces no deberíamos involucrarnos en campañas que se focalicen en una especie concreta [toros, focas, delfines, perros, visones...] ignorando y discriminando al resto de animales que són víctima de la misma opresión. Estas campañas son especistas y refuerzan el prejuicio de que unos animales merecen mayor consideración que otros.

Muchos activistas consideran que tenemos que limitarnos a una forma específica de explotación animal a pesar de que difundiendo el veganismo podemos conseguir abolirlas todas ellas. Pero eso no tiene ningún sentido.

La única forma de conseguir la abolición de la esclavitud a la que están sometidos los animales nohumanos es el veganismo. Es decir, que dejemos de utilizar a los demás animales, rechazando el participar y apoyar cualquier uso de animales nohumanos, y ayudemos a otras personas a dar ese mismo paso a través del activismo educacional.

Podemos vivir sin utilizar a los demás animales. La explotación animal no es necesaria en ningún sentido razonable del término. El hecho de que podamos vivir sin utilizar a otros animales es un requisito necesario para el cambio, aunque no suficiente. 

Si no hay previamente un cambio de mentalidad, no habrá por consiguiente un cambio de actitudes y hábitos. Tenemos que dejar de ver a los demás animales como seres inferiores que existen para nuestro beneficio. Sólo de este modo dejaremos de esclavizar y asesinar a millones de inocentes por nuestro caprichos y prejuicios.

No dejemos pasar el día sin haber hablado con alguien no-vegano sobre veganismo, en forma educativa y noviolenta. Si cada vegano que hay ahora en el mundo consiguiera individualmente que, al menos, una persona se haga vegana en el próximo año, entonces podríamos conseguir que todo el mundo fuera vegano en un plazo de pocos años.

Asimismo, también puedes unirte a grupos locales abolicionistas que trabajen en tu ciudad o en tu región para difundir el veganismo. Pero no permitas que tu compromiso con un grupo determinado esté por encima de los principios éticos que dices defender. Por desgracia, algunos activistas acaban confundiendo el compromiso hacia una causa de justicia con la fidelidad ciega a una organización corporativa que mercantiliza el activismo en beneficio propio.

De lo que decidamos y hagamos ahora depende si en el futuro siga existiendo la explotación especista, y las miles de millones de víctimas que provoca, o que desaparezca progresivamente. 

El destino no está marcado, sino que lo vamos construyendo —todos y cada uno de nosotros— en el día a día de nuestra vida.



1 de octubre de 2013

¿Día del vegetarianismo? Nada que celebrar




El día en que escribo esta nota —1 de octubre— parece que ha sido escogido como el día del vegetarianismo. Aprovechando la coyuntura, me gustaría exponer algunos puntos al respecto.

Antes de nada, es importante tener claro que el vegetarianismo es una dieta que excluye solamente los cadáveres y nada más. Así ha sido la definición establecida desde 1847. Tal como se puede ver en cualquier asociación vegetariana. Y lo sigue siendo.

El vegetarianismo acepta y promueve el consumo de productos de origen animal [lácteos, huevos, miel,...]. Es decir, el vegetarianismo acepta y promueve la explotación animal. Hay cientos de pruebas que lo confirman. Aquí algunas de ellas:

De acuerdo con la Unión Vegetariana Española:

"Los vegetarianos pueden también optar por incluir huevos y productos lácteos en su dieta."
Es decir, los vegetarianos pueden explotar a los demás animales siendo vegetarianos. El vegetarianismo acepta y promueve la explotación animal. Esto es radicalmente incompatible con el veganismo.

En la página web de la Unión Vegetariana Internacional encontramos la siguiente respuesta a alguien que pregunta por quesos vegetarianos —quesos de origen animal pero sin cuajo:
"¿Cómo puedo conseguir un queso vegetariano, que no contenga cuajo animal? ¿Cómo sé qué clase de cuajo es el que se usa en los quesos que hay en el supermercado?  
Veggie Slices hace quesos vegetarianos con diferentes sabores. No llevan cuajo animal pero contienen caseína, una proteína de la leche, así que no son veganos. Algunos “quesos” vegetarianos son veganos y otros no. El cuajo es una enzima que se obtiene del estómago de las terneras. Hay enzimas vegetales que se usan para hacer quesos vegetarianos."
La Vegetarian Society de Gran Bretaña promueve el consumo de lácteos, que lleven el sello "slaughter-free" ["libre de matanza"].

La misma Vegetarian Society promueve el consumo de miel de abeja.

Sin ir más lejos, la propia Unión Vegetariana Internacional promueve igualmente el consumo de productos animales:
«Buenas fuentes de proteína para los vegetarianos incluyen los frutos secos y semillas, los productos de soja (tofú, leche de soja, y la Proteína Vegetal Texturizada [TVP]), los cereales (trigo, avena, y arroz), huevos de gallinas de corral y algunos productos lácteos (leche, queso y yogurt).»
Podría estar indefinidamente exponiendo evidencias, pero cualquiera lo puede comprobar por sí mismo. No hace falta más que ir a cualquier libro o blog de recetas vegetarianas para ver que el 99% incluyen sustancias de origen animal. O ir también a cualquier restaurante vegetariano del mundo. El 99% de ellos incluye sustancias de origen animal en su menú.

Los vegetarianos promueven la explotación animal de forma diaria y constante. Sólo hay que remitirse a las evidencias que están a la vista de todos. Negarlo es negar la realidad evidente.

El vegetarianismo y el veganismo son totalmente diferentes y opuestos. El vegetarianismo es una simple dieta que excluye los cadáveres. El veganismo es un principio ético que rechaza toda utilización de animales nohumanos y aboga por su emancipación del dominio del hombre.

Así que es imposible que el vegetarianismo incluya al veganismo, puesto que pertenecen a categorías diferentes. Los veganos no somos vegetarianos, porque el vegetarianismo acepta la utilización de animales no humanos y eso es radicalmente incompatible con el principio del veganismo.

Desde que comenzaron hace casi 200 años todas las sociedades vegetarianas explícitamente han aceptado el consumo de otros productos de origen animal que no fueran cadáveres, por tanto han condonado y promovido la explotación de los animales no humanos.

Precisamente Donald Watson fundó la Vegan Society, junto con otras personas, porque la gran mayoría de los vegetarianos llevaba décadas rechazando que el vegetarianismo se convirtiera en una dieta 100% vegetal, aun sabiendo que no había diferencia entre consumir carne y consumir lácteos o huevos. El propio Watson lo cuenta en el primer boletín de la Vegan Society.





No hay ninguna diferencia moral entre la carne y el resto de productos de origen animal. El vegetarianismo acepta la explotación de otros animales para quitarles su leche o sus huevos o su miel. Por esto considero que el vegetarianismo es un fraude moral.

Muchas personas, entre las que me incluyo, pensamos que ya estábamos respetando a los demás animales al dejar de consumir su carne. Pero el vegetarianismo nos engañó, igual que a millones de personas que piensan que el problema está simplemente en el tema de la carne.

Entiendan que no estoy atacando ni condenando a nadie. Estoy hablando del vegetarianismo como doctrina, no de los vegetarianos como personas 

Decir "vegetarianismo vegano" es como decir "machismo feminista". Son conceptos antitéticos. El vegetarianismo es una forma de explotación animal y, como toda forma de explotación animal, es innecesaria e incompatible con el veganismo. 

Por todo esto, entiendo que sería inaceptable seguir promoviendo el vegetarianismo o seguir confundiendo de forma deliberada dos cosas —vegetarianismo y veganismo— que son antitéticas. 

Si podemos promover el veganismo ¿por qué malgastar nuestro tiempo en otras opciones que son erróneas y que quitan recursos para la difusión del veganismo? 

Animo a todas las personas que estén concienciadas sobre la injusticia que hay en nuestra relación con los demás animales a que prueben en poner en práctica el veganismo lo antes posible. Verán que es bastante más fácil de lo que puede parecer en principio. No necesitan pasar por el vegetarianismo primero. Muchos estamos dispuestos a echarles una mano en todo lo que podamos, y seguro que en su país o en su ciudad encontrarán a veganos que podrán asesorarles durante el proceso.





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