28 de mayo de 2013

Acerca del especismo en el ámbito animalista




«Hasta que no reduzcamos el especismo en la sociedad, seguiremos tratando los síntomas en vez de curar la enfermedad. Al final, sólo un descenso sustancial del especismo puede emancipar a los no-humanos.»                                                                                                                         ~ Joan Dunayer


La discriminación basada en la especie también afecta al activismo

En el contexto cultural antropocentrista en el que vivimos actualmente existe una categoría moral para los individuos humanos y otra para los individuos no-humanos.

A los humanos se les considera personas; las leyes les reconocen derechos y les protegen como sujetos de derecho. Los prejuicios como el racismo y el sexismo son rechazados socialmente y penados por la ley.

En cambio, a los no-humanos se les considera propiedades de los humanos; carecen por completo de derechos; y la sociedad ni siquiera tiene consciencia de que esto sea un problema. 

Esa diferencia radical supone que el problema del especismo y la explotación de los nohumanos tenga un carácter peculiar que no se parece a ninguna situación estructural en la se vean afectados los humanos.

Por tanto, hacer un activismo centrado en denunciar el especismo que afecta a los no-humanos estaría moral y estrátegicamente justificado por el contexto social antropocentrista en el que vivimos, en tanto que no existe otra forma de concienciar sobre esta injusticia. Sin embargo, lo que no estaría justificado en ningún caso es diferenciar o dar preferencia a unos animales nohumanos frente a otros. 

Todos los animales sintientes merecen el mismo respeto básico. Todos ellos son igualmente individuos y tienen los mismos derechos básicos. Por lo que hacer una campaña activista en favor de unos individuos concretos en base a la especie que pertenezcan es ya de por sí especista. Esta discriminación es inmoral y refuerza ese prejuicio en una sociedad como la nuestra en donde todos los no-humanos son igualmente discriminados y explotados, considerados propiedad de los humanos.

Por tanto, un activismo que defiende los Derechos Animales debe partir de un planteamiento moral de respeto a todos los animales, no solamente a los no-humanos. Ahora bien, dado que los no-humanos son específicamente discriminados y oprimidos por el especismo, su situación especial sí justifica una atención específica como forma de activismo.

El planteamiento correcto es pedir respeto para todos los animales sin distinción. Esto son los Derechos Animales. Las razones por las cuales los demás animales merecen respeto son las mismas por las que los humanos merecen respeto. Son las mismas. Porque la especie no tiene relevancia ética a la hora de establecer la consideración moral.

Imaginemos que alguien está abusando de un perro y de un gato —o cualquier otro animal— pero solamente rechazamos y denunciamos la agresión al perro. En ese caso estamos siendo especistas. Si denunciamos el "maltrato" a un perro cuando en esa misma situación no solamente está siendo agredido un perro sino también otros animales de distinta especie entonces estamos siendo especistas. Estamos discriminando a las víctimas por la especie en la que están catalogadas. Y esto mismo es lo que estamos haciendo cuando decidimos participar en una campaña que denuncia la explotación de una o determinadas especies de animales, ignorando al resto de personas nohumanas que no son de esa especie.

¿Por qué sólo pedir respeto para los toros, o sólo para los perros, o sólo para los delfines? No tiene sentido. Discriminar a las víctimas de una misma injusticia según su especie —la explotación animal— sería como discriminar a las víctimas por su color de pelo. La especie es irrelevante. Y para quienes explotan a las víctimas también les es irrelevante su especie. A ellso sólo les importa que sus víctimas son humanos. Como no son humanos entonces creen que está justificado que los utilicemos para nuestros fines.

Vivimos en una sociedad culturalmente antropocentrista. Esto es, se establece una radical y acentuada separación moral entre el ser humano y el resto de animales. A los seres humanos se les reserva una categoría especial y única y generalmente toda iniciativa —ya sea legal o de cualquier otra clase— tiene siempre como finalidad beneficiar únicamente a los humanos aunque sea a costa de otros animales. 

Si no cambiamos primero esa forma de pensar, nada va cambiar para las víctimas del especismo. La explotación animal es un efecto directo de ese prejuicio.

Aunque es cierto que el especismo no es el único problema moral en nuestra sociedad, la discriminación del especismo no tiene ni de lejos el mismo nivel de comprensión y rechazo que tienen otras discriminaciones similares como el racismo y el sexismo. Éstas últimas son hasta cierto punto conocidas y rechazadas en nuestra sociedad. Pero el concepto del especismo es incluso desconocido para la gran mayoría de la gente. Esta diferencia, entre otros puntos, justifica que el especismo reciba cierta prioridad en un activismo por los Derechos Animales.

Partiendo de la base de que el especismo es una discriminación injusta como el racismo y el sexismo; imaginemos que alguien promoviera una campaña para que en cierto país de cultura machista se ilegalice la violación de mujeres rubias. Es decir, una campaña a favor solamente de las mujeres rubias, a pesar de que en el país hay mujeres castañas, morenas y pelirrojas,... que también son víctimas de violaciones. ¿Por qué solamente a favor de las mujeres rubias? Esa discriminación carece de justificación tanto moral como contextual —puesto que no solamente las mujeres rubias son víctimas de violación. El color de pelo es irrelevante. Todas las mujeres, todos los seres sintientes en general, merecen igualmente ser respetados y protegidos de los abusos sexuales.

Del mismo modo, cuando se hace una campaña injustamente discriminatoria a favor de determinados animales en base a su especie [perros, focas, delfines, gatos, toros...] se está incurriendo en el mismo error que en el ejemplo anterior. No existe ninguna razón que justifique discriminar entre animales por motivo de especie. La especie no tiene relevancia moral —como tampoco lo tiene el color de pelo— a la hora de establecer la consideración moral.

Por ejemplo, entre las víctimas del especismo, los perros no son los únicos animales nohumanos explotados. Ellos no son los únicos animales explotados para ser usados como comida —tal y como ocurre en algunos países asiáticos—. ¿Qué supuesto motivo justifica moralmente que una campaña pida que solamente ellos dejen de ser explotados e ignore al resto de animales? 

Me pregunto cómo es posible entonces que tantos activistas no vean el especismo tan evidente que hay en ese tipo de activismo que estoy analizando. El especismo es injusto también dentro del activismo animalista ¿o es que acaso el activismo animalista debe estar exento de los mismos criterios éticos que supuestamente abogamos para la sociedad?




¿Por qué el especismo sigue predominando en el ámbito animalista?

El motivo por el que existen ese tipo de campañas puede deberse a varias causas. En algunos casos, se debe a prejuicios personales y subjetivos de los propios activistas. A ellos les importa más lo que les ocurre a los perros —o a los toros o las focas— que lo que les ocurre a los peces, a las serpientes o a las medusas. A pesar de que todos los nohumanos son igualmente discriminados y explotados.

En otros casos, lo hacen en base a criterios corporativos porque así entienden que sus organizaciones conseguirán más apoyo y dinero de la gente. La gente será más receptiva si les hablas sólo de de perros, que de otros nohumanos sobre los que apenas tienen conocimiento o empatía. No actúan como activistas o como ONG´s sino como empresas de captación de dinero y clientes, con muy poca ética.

Asimismo, hay activistas que piensan que las campañas especistas pueden servir como "puerta de entrada" a la cuestión general del especismo. El mismo argumento que se suele utilizar para defender la promoción del vegetarianismo. Sin embargo, los hechos indican más bien que ese tipo de campañas sirven justamente para lo contrario: distraen la atención del problema principal para focalizar toda la atención en una muy determinada forma de explotación animal que se considera especialmente "cruel" o innecesaria. No hay más que hablar con la gente o leer los comentarios en páginas y foros. Ese tipo de estrategia no sólo es moralmente reprobable, sino que sería también una táctica inútil y contraproducente.

Todos esos motivos que he expuesto no son excluyentes entre sí. Pero sí son igualmente erróneos. A mi modo de ver, lo que deberíamos hacer es posicionarnos claramente en contra del activismo especista. Al contrario de lo que afirman muchos animalistas, criticar lo que otros hacen es perfectamente legítimo y necesario. Quienes reaccionan de forma hostil, no hacen más que repetir la misma actitud de las personas que reaccionan de forma hostil al mensaje del veganismo porque contradice sus prejuicios o sus hábitos. 

Un activismo ético no puede aceptar el especismo

El veganismo debe aplicarse coherentemente. Si somos veganos y nuestra alimentación, vestimenta,... es vegana, entonces ¿por qué nuestro activismo no deber ser igualmente vegano? Lo único coherente es hacer un activismo vegano. Es decir, un activismo que incluya siempre a todos los animales que son víctimas de la explotación especista.

Un activismo abolicionista que sea especista es tan injusto y erróneo como un activismo bienestarista. Este último pide jaulas más grandes o jaulas más cómodas en lugar de exigir que las jaulas desaparezcan. Pero el activismo especista, aunque supuestamente sea abolicionista, es igual de injusto porque solamente pide que unos animales de cierta especie salgan de esas jaulas en lugar de que todos ellos —sin distinción de especie— sean igualmente liberados de nuestra explotación.

Como activistas por los Derechos Animales deberíamos exponer persistentemente la igualdad de todos los seres sintientes. Pero el activismo animalista está dividida en sectores especistas: gente que se centra exclusivamente en ballenas, en perros o en gatos, o en aves esclavizadas para alimento,... y así sucesivamente discrimina entre las víctimas según su especie.

Mientras no promovamos los derechos de todos las víctimas del especismo, la lista de abusos permanecerá interminablemente larga y nuevas formas de abuso continuarán apareciendo. Si alguien se considera partidario y defensor de los Derechos Animales, debería rechazar cualquier forma de discriminación especista.

Si ser vegano implica adoptar de manera coherente el principio del veganismo en todos los ámbitos de la vida [alimentación, vestimenta, trabajo,...] entonces ¿por qué no va a ser lo mismo cuando se trata del activismo? El veganismo pide respeto por igual para todas las víctimas de la explotación animal y rechaza cualquier forma de explotarlos por cualquier modo o propósito.

Un activismo que no reivindique explícitamente respeto para todos los animales—y rechace igualmente toda forma de explotación animal— no es un activismo vegano. Entiendo que esto no debería ser promovido o apoyado por alguien que se considere vegano. 

El veganismo abarca a todos los animales no-humanos, pues todos ellos son injustamente discriminados y son explotados por la opresión especista. Discriminar entre ellos en función de la especie es utilizar un criterio especista que refuerza el prejuicio de que algunos animales son más, o menos, importantes que otros. Esto es especismo.

En definitiva, si alguien apoya este tipo de campañas entonces no está concienciado, aunque sea vegano, porque está apoyando el especismo. Veo que muchos activistas y animalistas parecen tener en general una actitud de "ya lo sabemos todo" que rechaza cualquier tipo de crítica, como si ellos no pudieran equivocarse o cometer errores. Sin embargo, todos por igual estamos sujetos al equívoco y al error. Y si apoyamos campañas especistas considero que nos estamos equivocando.


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¿Especistas contra el especismo?

22 de mayo de 2013

Dos conceptos de respeto: valor inherente y valor instrumental



«Cuando Kant afirma que el hombre es por naturaleza malo, no se refiere sino a que tenemos una propensión, que consiste en anteponer el incentivo del amor propio al de la ley moral. Y esto no por algún impulso sensible, sino como un acto libre de nuestro albedrío o racionalidad. En esto consiste su tesis del mal radical. En el lenguaje que hemos estado tratando, significaría justamente otorgarnos un valor social unos a otros, que no corresponde a nuestro verdadero valor absoluto o dignidad.» ~ Zimmerman 

En este ensayo pretendo hacer una breve aclaración acerca del significado de dos conceptos fundamentales dentro del contexto moral: valor inherente [o valor intrínseco] y el valor instrumental.

A veces se dice que la filosofía de los Derechos Animales solamente pide respeto para los animales sintientes, pero se olvida de la importancia que la naturaleza tiene para nosotros y los demás animales, ya que es el sustrato último que permite nuestra existencia. Pero esta objeción es errada.

Es claro que si el medio ambiente es el hogar de la mayoría de no-humanos, y el medio de vida fundamental de todos nosotros, entonces también deberíamos respetarlo. Pero se trata de dos conceptos distintos de respeto. Es decir, no es lo mismo respetar a alguien como persona —respeto moral que respetarlo porque tiene una utilidad instrumental para nuestros fines respeto utilitario.

La idea que subyace al veganismo, y a los Derechos Animales, es que sólo los seres sintientes tienen un valor inherente y que ese valor no puede ser ignorado ni sacrificado para fines instrumentales. Eso significa que sólo los seres sintientes tienen un valor moral independiente de nuestros juicios personales. Y ese valor nos obliga éticamente a respetarlos como fines en sí mismos, es decir, tener en cuenta su individualidad, su voluntad y sus intereses, en el mismo plano que los nuestros: no explotarlos ni destruirlos sólo porque obtengamos un beneficio de ello.



El concepto moral de valor inherente [valor intrínseco] es equivalente a lo que en filosofía moral se denomina como dignidad. Cuando un ser tiene dignidad eso significa que su valor propio está fuera de cualquier cálculo económico o instrumental. Si tiene dignidad entonces no puede tener precio. Ni su voluntad ni sus intereses básicos pueden ser vulnerados o ignorados por motivos utilitarios. Eso no quiere decir que un individuo no pueda tener un valor intrumental, sino más bien que ningún fin instrumental puede anteponerse o anular a su valor inherente.

El valor moral se identifica con el valor intrínseco o valor inherente. Los seres sintientes poseen ese valor intrínseco en tanto que ellos pueden valorar y valoran su propia vida; valoran lo que les gusta y lo que les disgusta. Tienen preferencias y deseos. Así que el criterio de la sintiencia es el único requisito suficiente y necesario para tener valor moral.

Valor moral significa que un ser merece respeto por sí mismo, independientemente de su valor extrínseco o instrumental. De este modo el valor moral se caracteriza como valor intrínseco o inherente; en oposición al valor extrínseco o instrumental. Como diría Kant, el valor moral otorga dignidad en oposión al precio económico que caracterizar el valor instrumental.

Si el valor moral se define como valor intrínseco y solamente los seres dotados de sensación tienen un valor intrínseco, ¿de qué otra forma se podría justificar racionalmente el valor moral si no es apelando al valor intrínseco? Sólo los seres sintientes poseen un valor íntrínseco, por tanto, sólo ellos pueden tener un valor moral.

Sólo los seres sintientes pueden sentir, es decir, tienen conciencia e intereses. Sólo ellos pueden realizar valoraciones, y valoran su propia existencia y bienestar. Así que sólo ellos tienen de hecho un valor intrínseco.

El valor moral sólo puede depender de la sintiencia por la razón de que los seres sintientes, por el hecho de ser sintientes, pueden valorar. Al estar dotados de sensación, experimentan sensaciones, emociones y deseos. Es decir, expresan valoraciones sobre aquello que les perjudica o les beneficia, en tanto que les afecta de forma positiva o negativa. Para esto no es necesario poseer inteligencia ni características cognitivas complejas. No es necesario poder pensar sobre el dolor para poder sentir dolor. No es necesario tener un concepto del placer para poder sentir placer. No es necesario tener la capacidad de pensar sobre el deseo de comer y de beber para poder sentir hambre y sed. Y así sucesivamente. Por eso el valor intrínseco está ligado exclusivamente a la sintiencia, y no a la racionalidad o inteligencia.

Todo esto implica situar a todos los animales sintientes en un plano de igualdad moral. Los seres sintientes no sólo tienen un valor inherente sino que cada uno de ellos posee igual valor inherente. No hay razón que justifique establecer una jerarquía entre seres sintientes. Todos los seres sintientes poseen de hecho el mismo valor inherente. Es un hecho que todos ellos tienen conciencia de sí mismos y de sus intereses, y valoran su propia vida como algo que tiene valor intrínseco. Por tanto, en igualdad de condiciones, está igual de mal matar a 50 ardillas que a 50 humanos. Añadiría además que el número de individuos no es relevante moralmente, y que cada individuo tiene un valor singular por sí mismo.

Un planteamiento moral que no parta del principio de igual consideración no puede ser racionalmente compatible con la lógica. Es un requisito racional obligado tener en cuenta la voluntad y los intereses de otros animales al mismo nivel que los nuestros y no hay una razón que justifique moralmente someterlos y dominarlos para nuestro beneficio. Todos los argumentos que pretendan alegarse para justificar el especismo son exactamente los mismos que se utilizan para intentar justificar el racismo, el sexismo o la homofobia.

La vida en sí misma no tiene, ni puede tener, ningún valor intrínseco. La noción de valor solamente surge con la sintiencia. Al poder experimentar sensaciones, los seres sintientes valoran [desean, estiman, prefieren] su propia conservación, su bienestar, su libertad. Ellos se valoran a sí mismos, aunque nadie más lo haga. Por tanto, solamente los seres sintientes pueden tener un valor intrínseco, un valor en sí mismo. Todo lo demás sólo tiene un valor instrumental, derivado de acuerdo a los intereses de los seres sintientes.

Por tanto, los vegetales, y los minerales, al no ser sintientes, no poseen un valor intrínseco. No tienen conciencia ni intereses. No hay nada inherente a ellos que haya que respetar moralmente. Lo que sí tienen es un valor instrumental, en tanto que son necesarios para que los seres sintientes puedan conservar y desarrollar sus vidas. Y es por eso que debemos respetarlos como medios que permiten la consecución de los intereses que tienen los seres sintientes.

El valor instrumental es el único que nuestra cultura especista aplica a los animales no humanos. Se les valora solamente porque son útiles para los fines humanos. Se les respeta según el grado de importancia que tienen para lograr nuestros objetivos. No se les respeta como individuos, sino como propiedad. Del mismo modo que respetamos las casas y los otros objetos que pertenece a sus propietarios. No porque los objetos en sí tengan valor propio, sino porque su propietario los valora de acuerdo con sus fines e intereses.

El cambio del paradigma antropocéntrico actual hacia un paradigma moral igualitario que consideres a todos los animales sintientes como personas con derechos pasa necesariamente por eliminar la mentalidad instrumentalista que proyectamos sobre los demás animales y sustituirla por una nueva visión que los tenga en cuenta por su valor intrínseco.

Una ética que otorga valor inherente a todos los seres dotados de sensación no acepta por tanto que sus vidas sean usables como si fueran cosas o recursos que sólo tienen un valor utilitario ni acepta que puedan ser sacrificadas forzosamente para conseguir algún beneficio. 

Si reconocemos que los seres sintientes poseen un valor inherente entonces no pueden ser destruidos ni instrumentalizados por motivo del valor extrínseco que nosotros les otorguemos. A esto es a lo que denominamos dignidad en sentido moral; y es la razón por que la que es inmoral explotar animales.

Debemos dejar de ver a los demás animales como objetos, como seres inferiores que existen para nuestro beneficio, y reconocerlos como personas que son: individuos que sienten. Ellos sufren, desean, y les importa su propia conservación y bienestar.

A este respecto, los demás animales son iguales a nosotros. Y, por tanto, deben ser tratados y respetados como nuestros iguales.

10 de mayo de 2013

Falacias argumentativas





Dada la central relevancia que tiene la lógica a la hora de razonar moralmente, he creído que no estaría de más incluir una entrada en donde se exponen algunos de los errores de razonamiento más comunes. Que este breve texto pueda servir como ejemplo o introducción al tema.

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Las falacias son razonamientos erróneos o falsos, puede incurrirse en ellos por ignorancia o voluntariamente, como un modo de convencer mediante la razón. Y pueden clasificarse de la siguiente manera:

  • Ataque personal directo [Ad Hominem-Ofensivo]: descalificar la personalidad del oponente. 
Ejemplo: ”No debemos escuchar lo que él propone, todos sabemos que es vegano”.  
La postura moral de una persona no afecta en nada su credibilidad y no tiene relación alguna con la aceptabilidad de un punto de vista. Lo único relevante es la veracidad y consistencia de sus argumentos.
  • Ataque personal indirecto [Circunstancial]: descalificar a una persona en virtud de las situaciones especiales en que se encuentra. 
Ejemplo: “Es lógico que va a estar en desacuerdo con que explotemos a los demás animales, si él es vegano”. 
Lo que se hace aquí es argumentar apoyándose en las condiciones o posturas en que se encuentra la persona y no en los argumentos que da en defensa de su punto de vista. Siempre es posible que alguien tenga “intereses creados”, pero para evaluar una argumentación debemos centrarnos en la calidad de sus razones y no en otros aspectos imposibles de evaluar objetivamente.
  • Envenenar el pozo: descalificamos directamente al oponente antes de que emita su opinión, de tal forma que su defensa se vuelve imposible. No se quiere dejar agua para cuando llegue el contrincante. Pretende negar que esté calificado para que dé una opinión. 
Por ejemplo: “No debemos aceptar el punto de vista de alguien vegano. Es sabido que los veganos tergiversan los argumentos a la conveniencia de los ideales que defienden”. 
Lo que aquí se señala es que quién sostiene el punto de vista es un “mentiroso”, con lo que anulamos cualquier posibilidad de aceptar lo que se dice. Lo que se hace es atacar a la persona —además basado en una generalización— en vez de mostrar las debilidades de su argumentación.
Sin embargo, la veracidad de un enunciado tiene que ver con las pruebas que aporte a su favor, no con la ausencia de éstas. El solo hecho de señalar que no se ha demostrado algo no significa que no exista o no sea cierto. Para demostrarlo habría que razonar que la proposición contradice las evidencias o la lógica.
  • A la autoridad de una persona: se utiliza el prestigio de una persona conocida o famosa. 
Ejemplo: “La dieta vegana no es saludable. Lo dice Perica de los Palotes, que es nutricionista”.
Perica de los Palotes puede tener el título de nutricionista, pero si no presenta argumentos y evidencias entonces su opinión no es más válida que la de cualquier otra persona. Un título académico no suple la falta de datos objetivos.
Por ejemplo: “La gran mayoría está de acuerdo en que los seres humanos tenemos derechos pero que otros animales no los tienen ni deben tenerlos”.  
El que la mayoría tenga una determinada opinión, no hace que esa opinión sea la más razonable. Hubo un tiempo en que la mayoría de la población creía que la Tierra era plana, pero ese consenso no aporta ninguna validez a dicha creencia. Las opiniones no determinan los hechos objetivos, incluyendo los hechos morales
Ejemplo: “Si decidimos respetar a los demás animales igual que a los humanos nos abocamos al colapso de la civilización y la extinción de nuestra especie".  
Se apela a los sentimientos de cada uno, al miedo, y no a los hechos objetivos que todos podamos comprobar.
Ejemplo: “Creo que nadie estará en desacuerdo conmigo si digo que los humanos están por encima de los demás animales. Quien piense lo contrario no es una persona decente y no merece vivir." 
Dicho de esa manera, se trata más bien de una amenaza que de un argumento. 
Ejemplo: “¿Cómo hace usted para evitar las deficiencias nutricionales de una alimentación vegana?
En la pregunta se da por hecho que adoptar una dieta sin sustancias de origen animal implica padecer deficiencias nutricionales, sin corroborar que realmente es así. 
  • Regla general para caso particular: Obedece a la idea de deducir impropiamente una aplicación de una regla general a un caso particular que no se ajusta a ella. 
Ejemplo: “Los humanos son personas. Otros animales no son humanos. Por tanto, los demás animales no son personas.”
El hecho de que los humanos sean personas no implica que otros animales no puedan serlo también.  Del mismo modo, que el hecho de que los varones sean personas no implica que las mujeres no sean también personas.
Además, aquí se está confundiendo una categoría biológica con una categoría moral. La condición de ser humano es puramente biológica mientras que la condición de persona es moral y, también, legal. Para ser considerado una persona el requisito es tener conciencia, voluntad e intereses, una característica que también poseen otros animales además de los humanos.
  • Generalización apresurada: Consiste en utilizar incorrectamente el razonamiento inductivo, enunciando una regla general a partir de las excepciones. 
Ejemplo: “Fernando es vegano y es delgado. Por tanto, todos los veganos son delgados”.
Ejemplo: “El viernes decidí hacerme vegano, el sábado enfermó mi abuelo y el domingo murió. Mi abuelo murió de pena porque decidí hacerme vegano”. 
No existe una relación de causalidad entre la premisa y las conclusiones. Solamente hay una relación temporal, en el que un hecho precede a otro pero sin conexión entre ellos,
Ejemplo: “Es imposible que la explotación animal sea abolida, porque es algo que no puede ocurrir”.
La conclusión es totalmente equivalente a la premisa, pero dicho de otro modo. 
11 - Premisa contradictoria [Ignorantio elenchi]: Una afirmación usada como apoyo es incompatible con lo que se afirma en otra expresión, también usada como apoyo.
Ejemplo: “Yo creo que todos tienen derecho a decidir sobre su vida; ya que es algo que nos afecta a cada uno. Por eso, naturalmente, yo no estoy de acuerdo con que limitemos la conducta de otras personas e impidamos que coman animales si quieren”.
Es evidente que aquella conclusión no se deriva sino que en realidad contradice las premisas. Esto es, si todos tenemos voluntad y tenemos derecho a que se respete nuestra  capacidad para tomar decisiones entonces tampoco debemos imponer nuestros deseos sobre los demás animales, que también tienen su propia voluntad e intereses.

Ejemplo: “La muerte es el fin [término] de la vida, por lo tanto, toda vida debe tener como fin [objetivo] la muerte”.

Que todos los animales vayan necesariamente a morir algún día es una evidencia que no justifica que nosotros los matemos para beneficiarnos de ello. Los seres humanos también están sujetos a la inevitable muerte pero esto por sí solo no justifica moralmente que los matemos.
 

Expuesto de esa manera parece que el hecho de que fueran veganos ha tenido alguna influencia en el trágico suceso que ha ocurrido. Pero si indagamos un poco en el asunto, veremos que en realidad el titular es sensacionalista y no refleja correctamente la realidad de lo que sucedió.
Ejemplo: “¿Por qué no debemos utilizar a otros animales como alimento? Los hombres prehistóricos cazaban animales por supervivencia. 
Obviamente, la circunstancia no es la misma. Actualmente, no es por necesidad que comemos a otros animales, sino por inercia y prejuicio.
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Texto adaptado a partir de: 
Instituto Nacional “José Miguel Carrera”. Lengua Castellana y Comunicación. Tercero Medio. Profesor Ramón Moraga. Unidad I: Argumentación. “Argumentación ideal y falacias”

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7 de mayo de 2013

¿Es especista referirnos a otros animales como los nohumanos?





Este texto es una respuesta a determinadas críticas que he visto realizar últimamente en contra de utilizar el término nohumano (o no-humano) para referirnos a los otros animales que no son humanos. Críticas motivadas, según parece, por una errónea comprensión de lo que es el especismo.

Hay personas que consideran que realizar cualquier distinción entre humanos y otros animales es especista. Sin embargo, el especismo solamente existe en el terreno moral. Si el sentido de nuestro lenguaje es puramente descriptivo (científico) entonces no puede haber especismo. No es especista diferenciar taxonómicamente entre humanos y delfines, o entre peces y mariposas, de acuerdo con sus semejanzas genéticas. 

Es importante aclarar que la condición de ser humano es puramente biológica. Por lo tanto, decir que otros individuos no son humanos es una mera referencia biológica. No implica excluirlos ni discriminarlos de la consideración moral. La discriminación moral sucede, por ejemplo cuando pensamos que solamente los seres que son humanos merecen ser respetados como personas. En ese caso estaremos evidenciando un prejuicio especista.

El especismo sólo se produce cuando hacemos una discriminación moral motivada por la diferencia de especie. Pero esto no ocurre cuando diferenciamos biológicamente entre humanos y no-humanos. Porque no se trata de una diferenciación moral. Exactamente lo mismo que cuando diferenciamos entre hombres y mujeres, o entre niños y adultos, o entre blancos y negros. Nos basamos en diferencias biológicas. Pero tal diferenciación no implica ni postula una discriminación excluyente en lo que se refiere a la consideración moral básica. Aunque puede ser que nosotros sí hagamos dicha discriminación moral entre distintos tipos biológicos, pero entonces estaremos en otra categoría diferente. Estaremos en el contexto moral

De acuerdo con el prejuicio especista, los demás animales son moralmente discriminados por no ser humanos. Recalcar el hecho de que no son humanos apela al motivo por el que son discriminados. Hablar de los nohumanos, y pedir igual respeto para todos ellos, no solamente no es especista sino que, justamente al contrario, se trata de un desafío al especismo predominante.

Al pedir respeto por los nohumanos se hace hincapié en que el hecho de no formar parte de la especie humana no es motivo razonable para discriminar injustamente a nadie. Por eso, a mi modo de ver, hablar de los demás animales como los nohumanos más bien ayuda a combatir y erradicar el especismo.

Lo que sí resultaría especista es calificar a los no-humanos como "animales", excluyendo de esa categoría a los humanos; como si nosotros no fuéramos también animales. No sólo es incorrecto científicamente sino que es un uso lingüístico que refleja esa mentalidad antropocentrista que pretende colocar a los humanos en un categoría radicalmente distinta y separada ("superior") del resto de animales.

En palabras de Joan Dunayer:
«Así como el lenguaje sexista denigra y desmerece a las mujeres, el lenguaje especista denigra y desmerece a los nohumanos. Legitima su abuso.
Mucha gente emplea el término animal de modo que excluye a los humanos. Ese uso ayuda a mantener una división moral entre humanos y otros animales. En vez de decir "humanos y animales", deberíamos decir "humanos y nohumanos", "humanos y otros animales" o "todos los animales (incluyendo los humanos)".»
Calificar a los otros animales como animales nohumanos, o nohumanos, no sería especista porque ese tipo de expresión no les excluye ni les discrimina de ninguna categoría o consideración moral. 

El especismo es una discriminación moral en base a la especie. Pero señalar que otros animales no son humanos (y que precisamente por no ser humanos se les discrimina injustamente) no implica ni constituye ningún tipo de exclusión moral.

Ciertamente la partícula "no" implica una negación. Pero una negación no implica exclusión ni discriminación. Negar que los seres sintientes sean esclavizados es, en efecto, una negación. Pero no implica excluir ni discriminar a nadie. La negación tiene la función de delimitar ámbitos. Por ejemplo, cuando decimos que no debemos explotar a los seres sintientes, la negación no conlleva excluir ni discriminar injustamente.

Cuando hablamos de varones y mujeres, o de blancos y negros, estamos usando términos que delimitan a los individuos, pero eso no implica que tenga necesariamente un sentido identitario, sino que tienen una función puramente descriptiva

El hecho de que los humanos seamos humanos es un rasgo circunstancial. Aunque está claro que esa afinidad genética nos permite comunicarnos entre nosotros y constituir libremente una sociedad. Algo que con otros animales no podemos hacer. 

Sin embargo, la comunidad social no es equivalente a la comunidad moral

La comunidad social abarca a todos aquellos individuos que formamos parte de una misma sociedad y nos relacionamos entre nosotros. La comunidad moral se extiende a todos los seres dotados de sensación, independientemente de su especie.

Es muy importante no confundir ambas categorías, y no caer el prejuicio del contractualismo: la creencia de que sólo aquellos individuos que pueden formar voluntariamente una comunidad o asociación con nosotros merecen consideración moral por sí mismos.

Podemos ver que el término noviolencia hace referencia a un concepto que se ha constituido como un término positivo a pesar de surgir a partir de la negación y rechazo de la violencia como forma legítima de solucionar conflictos. Lo mismo podría ocurrir con el término noespecismo si lo utilizamos para referirnos al rechazo del especismo y a favor de una postura igualitaria de consideración hacia todos los seres sintientes.

Del mismo modo, el término nohumano (o no-humano) es una forma positiva y abreviada para referirnos a todos aquellos seres sintientes que no son humanos, y no pueden ser participantes voluntarios (con consentimiento) de nuestra sociedad. 

Los no-humanos merecen el mismo respeto básico que los humanos, pero el prejuicio especista los relega a la categoría de seres inferiores, de recursos de los humanos. Concienciar acerca de esta injusticia es la tarea básica del movimiento de Derechos Animales. Y eso tiene que reflejarse también en nuestra forma de expresarnos. 

Cuando explicamos que hay  personas que no son humanas, y que estos nohumanos merecen estar libres de nuestra dominación estamos ayudando a erradicar el especismo de nuestra mentalidad.

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