30 de mayo de 2011

Respeto



«En sentido lato, los derechos que antes hemos mencionado (vida, libertad, integridad corporal) son variaciones de un tema principal, el tema del respeto. Muestro mi respeto hacia ti respetando esos derechos en tu vida. Tú muestras tu respeto hacia mí de idéntica manera. Respeto es el tema principal porque tratarse mutuamente con respeto es precisamente tratarse uno a otro de un modo que respeta nuestros demás derechos. Por consiguiente, nuestro derecho más fundamental, el derecho que unifica todos nuestros otros derechos, es nuestro derecho a ser tratados con respeto.» ~ Tom Regan
La palabra respeto proviene del latín respectus y significa “atención” o “consideración”. Según señala el diccionario, el respeto está relacionado con la veneración o el acatamiento que se hace a alguien. El respeto incluye miramiento, consideración y deferencia. Por otra parte, existe un concepto equivocado de respeto que hace referencia al temor o al recelo; pero esto no sería respeto sino simple miedo.

El respeto es un valor moral que nos permite  reconocer, aceptar  y considerar a cada individuo como alguien que tiene valor íntrínseco, aparte del valor instrumental que pudiera tener para nosotros. Es decir, el respeto moral es el reconocimiento del valor inherente de los individuos.

Uno de los filósofos que mayor influencia ha ejercido sobre el concepto de respeto en el mundo intelectual ha sido Immanuel Kant. En su filosofía moral, este pensador sostiene que los individuos deben ser respetados porque son fines en sí mismos y no medios para los fines de otros. Al ser un fin en sí mismos poseen un valor intrínseco y absoluto —en el sentido de que no puede ser devaluado o ignorado por otros criterios. Por este motivo es que los individuos tenemos este valor tan especial llamado por Kant la "dignidad", que otros filósofos han denominado como valor inherente.

Los defensores de los Derechos Animales afirmamos que cada ser sintiente posee un valor inherente porque cada uno de ellos es un ser con emociones y deseos propios. Cada uno es un individuo único y consciente de sí mismo, al que le importa su propia conservación y bienestar.

Decir que "respetamos" a los animales al mismo tiempo que los usamos como comida, entretenimiento, vestimenta y sujetos forzados en experimentos —entre otros fines— no es más que una perversión del lenguaje y un reflejo del prejuicio especista que predomina en nuestra cultura que nos hace creer que los intereses de los demás animales no deben ser considerados en un plano de igualdad con los nuestros.

No tendría sentido decir que "respetamos" a los seres humanos si practicáramos el canibalismo o los sometiéramos a experimentos en contra de su voluntad. Así que tampoco tiene sentido decir que "respetamos" a los demás animales cuando los tratamos literalmente como esclavos, como simples medios para satisfacer nuestros fines a costa de su vida y su libertad. Solamente podremos honestamente afirmar que los respetamos si los tratamos exactamente con la misma consideración que deseamos para nosotros mismos.

Por ello, no es legítimo pedir que respetemos la práctica de comer —o de explotar en general— a los animales nohumanos. Eso sería como pedir a las feministas que respeten el machismo, o pedir a los homosexuales que respeten la homofobia, o pedir a los activistas por los derechos humanos que respeten el canibalismo.

Los prejuicios, las actitudes y las prácticas basadas en la violencia no merecen respeto. Las personas y sus derechos sí merecen respeto. Precisamente por esto, el especismo y la explotación animal no merecen respeto, pues suponen violar los derechos de las personas nohumanas.

Si eliminamos el especismo de nuestras mentes, podremos entender que el respeto implica necesariamente no utilizar a los demás animales para nuestros fines. Así, el respeto implica veganismo.

15 de mayo de 2011

Empatía animal



«Después de llenar páginas enteras, estanterías con los libros confeccionados con ellas, bibliotecas rellenas de esos libros para demostrar las cosas fundamentales que nos diferenciaban del resto de los animales, hemos tenido que renunciar una a una a casi todas de las supuestamente inamovibles verdades.» ~ Eduardo Punset

Es un hecho comprobado que los demás animales no solamente son capaces de sentir, al igual que nosotros, sino que también son capaces de empatía, es decir, de ponerse imaginadamente en el lugar de otros individuos que sienten y sufren. 

En el siguiente vídeo el primatólogo Frans de Waal habla acerca de su experiencia profesional a este respecto:




También podemos encontrar  noticias  que tratan acerca del origen biológico de la empatía y el altruismo.

A pesar de las evidencias con las que contamos también nos podemos encontrarnos con quienes hacen una defensa especista del altruismo como cualidad singular del ser humano, afirmando que el altruismo es un rasgo único de la especie humana.

Pero al igual que ocurre con todas aquellas posturas que tratan de encontrar alguna diferencia radical entre los humanos y el resto de animales, ese argumento incurre en dos errores fundamentales:

Primero, esa capacidad no corresponde a todos los seres humanos. Podemos fácilmente comprobar que hay muchos seres humanos que por algún motivo no sienten deseo ninguno de ayudar a un desconocido, o ni siquiera de ayudar a nadie. Hay seres humanos que no disponen de esa capacidad debido a una falta de desarrollo (por ejemplo, los bebés humanos) o alguna deficiencia (como ocurre con personas que padecen algún trastorno cerebral) como puede ser la psicopatía.

Segundo, existen evidencias que demuestran que los animales no humanos sienten empatía y se preocupan por otros animales aunque les sean completamente desconocidos. En alguno de los enlaces que he puesto más arriba se pueden encontrar algunos casos. También se analiza el caso del altruismo animal entre desconocidos en las siguientes notas:

En el blog ´Somos Primates´ se habla acerca de la tendencia a ayudar a otros individuos (altruismo), incluyendo también a individuos de otras especies, como sería el famoso caso de las ballenas jorobadas que salvan a focas de los ataques de orcas. 

No hay ninguna característica que sea propia y únicamente humana. Nuestras diferencias con otros animales son, en todo caso, de grado, no de cualidad. Por ejemplo, en el vídeo que aparece más arriba, Franz de Waal dice que el lenguaje es una característica única del ser humano. Pero luego tiene que reconocer que el lenguaje (el lenguaje simbólico en realidad) no es más que una forma concreta de comunicación, y la comunicación es una capacidad que compartimos igualmente con el resto de animales.

La empatía no es, pues, una característica específicamente humana, sino animal.

Los humanos nos vanagloriamos de ser los únicos animales que tienen capacidad moral (lo cual es matizable) pero luego nos comportamos en nuestra relación con otros animales de forma totalmente inmoral, violando principios éticos básicos como la igualdad, y los tratamos del mismo modo que tratábamos a otros humanos considerados esclavos, es decir, los consideramos como meros objetos o recursos que existen para ser utilizados en nuestro beneficio.

Para terminar, me gustaría aclarar que a menudo se alega que los veganos pretenden desafiar alguna clase de "ciclo natural" al proponer que todos los seres sintientes merecen el mismo respeto básico; pero esa acusación es muy desenfocada.

Cuando postulamos el veganismo como imperativo moral no es consecuencia de "rechazar la naturaleza" o de "creernos especiales" sino de aplicar precisamente esa empatía que forma parte de nuestra naturaleza y que nos permite tener consideración moral por los demás individuos.

El veganismo no es "contra-natura" (si es que esa expresión tiene algún sentido) sino que es la extensión y el desarrollo coherente de algo tan natural como es la empatía.


Textos relacionados:

- El origen natural del bien

- El gen altruista


8 de mayo de 2011

«Comer Animales»




Recientemente se ha publicado en España la traducción del libro «Comer animales» de Jonathan Safran Foer. Muchos animalistas elogian su contenido y difunden su lectura. Yo disiento de su postura y no me parece una buena noticia respecto de la cuestion moral de los animales. En este artículo pretendo exponer mis razones para el rechazo de ese texto.

En primer lugar; me parece una mala noticia teniendo en cuenta que, hasta la fecha, todavía no hay nada publicado oficialmente de autores que sí defienden a los demás animales y sus derechos como son Gary Francione Joan Dunayer. Foer no defiende los derechos de los animales.

Nos encontramos con un libro que defiende que utilizar a otros animales para comida no tiene nada de moralmente objetable y que el problema solamente está en el modo en que se haga. Esta idea no sólo refleja un prejuicio especista, si por especismo entendemos discriminación basada en la especie, sino que además se defiende la ideología del bienestarismo —una ideología que dice que sólo importan "sufrir y disfrutar".

Por otro lado, resulta extraño que una organización como Anima Naturalis que dice defender los derechos de todos los animales se dedique a promocionar libros que defienden la explotación y esclavitud de los animales, como es el caso de «Liberación Animal», de Peter Singer, o este «Comer animales», de Jonathan Safran Foer. 

Aunque ya no resulta tan extraño viendo su activismo y su hermandad con PeTA, de la cual dice literalmente Foer que comparte los mismos valores que los explotadores de animales tradicionales preocupados por el "bienestar animal" , tal y como se puede ver en esta entrevista:


                             


Algunos activistas piensan que es bueno que exista este tipo de material —a pesar de que promociona descaradamente el uso de animales— porque, según dicen, ayuda a la gente a tomar conciencia del problema de la explotación animal.

Ese razonamiento me parece análogo a decir que está bien que haya mataderos puesto que se ha comprobado que mucha gente que ha visto lo que ocurre ahí dentro ha decidido no volver a comer animales —o ciertos animales— o incluso le ha motivado a adoptar el veganismo.

A mi modo de ver, este libro conseguirá que mucha más gente se siga creyendo la mentira de la explotación "humanitaria" y opte por seguir comiendo animales que supuestamente han sido bien tratados.

Puede que algunos celebren que se publiquen y promocionen libros que defienden la esclavitud de los animales. Pero yo no comparto su postura puesto que estoy en contra de la explotación animal y de cualquier iniciativa que la promocione.

Me llena de sorpresa ver que alguien se sorprenda o cuestione que este libro está  promocionando de manera explícita la explotación animal. Eso significa que no debe haberlo leído atentamente. Por ejemplo, escribe el autor, en las últimas páginas: 
«He apostado por una dieta vegetariana y respeto lo bastante a personas como Frank, que han apostado por una ganadería más humanitaria, para apoyar su forma de hacer las cosas. En resumidas cuentas, la mía no es una posición complicada. Ni es un argumento velado en defensa del vegetarianismo. Es un argumento en pro del vegetarianismo, pero también en pro de otro tipo de ganadería más sensata y en pro de unos omnívoros más honorables.»
Un libro puede inculcar prejuicios o provocar que los prejuicios de otros se refuercen, con lo que quien escriba dicho libro es en parte responsable de las víctimas que esos prejuicios causen.

El libro de "Comer Animales" no es sólo que esté basado en ideas especistas, sino que promociona el especismo y la explotación animal de manera clara y explícita. Esto no puede obviamente ser aceptable, como no puede serlo tampoco promocionar el racismo o el sexismo. 

Claro que despertar la empatía del público es muy importante para conseguir que se asimile un mensaje ético de respeto, pero esto no es suficiente por sí solo ni justifica cualquier cosa con el objeto de conseguirlo, por supuesto. Cuando no se hace de manera mínimamente adecuada y acorde con un mensaje de Derechos Animales, el resultado que se obtiene suele ser a menudo lo contrario de lo que se pretende. Como ejemplo, un lector del libro nos ofrece la conclusión que ha sacado de su lectura:
«En contra de lo que se pueda creer (de lo que yo creía) en un principio, Safran Foer no dice que no hay que comer carne, sino que hay que hacerlo (el que quiera) de forma responsable. Si queremos vivir de forma sostenible (aunque sólo sea por un motivo puramente egoísta, para que nuestros nietos tengan un mundo más o menos decente en el que habitar), tenemos que empezar con aquello que nos llevamos a la boca. Y, sinceramente, después de leer este libro y de lo que a raíz de esta lectura he investigado por ahí, os aseguro que en mi plato no va a volver a haber un trozo de carne que no haya salido de una granja ecológica.»
Comer animales, es decir, utilizar a otros animales como comida, es una forma de violencia porque implica agredir deliberadamente a alguien, y es una violación del derecho a la integridad física. No tenemos ninguna justificación moral para hacerlo. 

La única elección justa que debemos escoger y promover es no explotar animales —no utilizarlos meramente como medios para nuestros fines. La única opción moral correcta es el veganismo.

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