31 de enero de 2018

Gary Steiner y el veganismo como imperativo moral




Este texto es una transcripción de una entrevista al profesor Gary Steiner publicada el 19 de febrero de 2010 que puede ser de utilidad como una introducción al conocimiento del trabajo del profesor Steiner.

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«Al reconocer más y más similitudes que diferencias entre los animales y los humanos, la idea de una línea divisoria entre los dos se vuelve más y más oscura y difícil de dibujar. La diferencia entre humanos y animales no está del todo clara.

La gente llega al veganismo por diferentes razones. Algunas personas lo hacen por preocupación por la salud, otros por preocupación sobre el medio ambiente, y algunas personas lo hacen porque sienten que tienen obligaciones morales específicas hacia los animales. Las personas que son veganas éticas consideran que tenemos la obligación de no comer animales, de no usarlos. Dependiendo de cuán estricta es la persona puede decidir no usar cuero, no usar seda, no usar lana. Entonces por supuesto esto abre la puerta todo otro tipo de productos, como medicamentos y cosméticos, que podrían involucrar animales en su elaboración o composición. Así que ser un vegano ético es reconocer un deber específico hacia los animales de tratarlos con bondad y aplicar el principio de ahimsa o noviolencia hacia ellos.

Lo que me guió al veganismo ético fue un largo proceso en mi vida. Esto comenzó desde muy temprana edad simplemente con el hecho de amar a los animales y tener un verdadero sentimiento de afinidad con los animales. Luego fui creciendo y entrando en la adolescencia, y al cumplir 20 años comencé a pensar seriamente acerca de la contradicción entre amar a los animales, por un lado, y comerlos y utilizarlos de vestimenta. Así un día dejé de comer carne y nunca más volví a comerla. Me hice vegetariano en primer lugar pero todavía seguía pensando en otras cosas como los huevos y los productos lácteos y en el hecho de que la producción y el consumo de esta clase de sustancias exige ver a los animales y usar a los animales en ciertas maneras. Decidí que eso era algo en lo que no podía participar más. Dejé de comer toda clase de productos de origen animal en ese momento. Y entonces durante un periodo de varios años empecé a reflexionar cada vez más sobre el hecho de que si no iba comer productos de origen animal tenía que pensar en el hecho de llevarlos puestos y hacer otras cosas que involucran el uso de animales básicamente como objetos para satisfacer las necesidades humanas. Más recientemente he cambiado mi consumo de medicamentos, cosméticos y otras cosas.

Imparto una variedad de diferentes cursos sobre filosofía y hace unos 10 años comencé a impartir unos cursos específicos, o relacionados, acerca de cuestiones sobre los animales y la relación entre los seres humanos y los animales, cuestiones sobre la cognición animal, la vida mental y las experiencias de los animales y como ese tipo de experiencias se relacionan con el estatus moral de los animales.

Cuando los estudiantes están en la edad universitaria tienen una gran curiosidad sobre lo que van a hacer en su vida de adultos, y empiezan a formularse y establecer una serie de convicciones y formas sobre la visión del mundo. Ellos poseen una mente relativamente abierta cuando están en la universidad y he tenido una cantidad sorprendentede estudiantes que han respondido de una forma muy positiva, curiosa y preocupada sobre el trabajo que realizo acerca de los animales. Lo he escuchado de estudiantes anteriores y actuales, así como también de muchas otras personas. Si bien, algunos estudiantes permanecen anclados en sus convicciones.

Impartí una introducción al curso de filosofía, justo este mismo semestre, con el título "Dioses, Humanos y Animales". Pensé que esto sería algo interesante de hacer, en parte porque así me estaría dirigiendo principalmente no a los estudiantes veteranos de la universidad sino a los nuevos. Yo no estaba realmente seguro de cómo reaccionarían y esto fue lo que sucedió: yo pensaba que al tomar el curso estarían más interesados sobre las concepciones occidentales acerca de Dios, particularmente de la tradición cristiana, y también sobre las concepciones occidentales sobre la humanidad, pero lo que terminó sucediendo es parecían más intelectualmente interesados sobre la última parte del curso que trataba sobre los animales. Yo estaba fascinado al ver que estos estudiantes habían demostrado un gran curiosidad. Las discusiones fueron extremadamente vívidas. Yo siempre me he inhibido de compartir mis puntos de vista sobre los animales. Nunca pensé en mí mismo como un activista o algo así. Me considero un profesor de filosofía que escribe libros para otros filósofos que tratan sobre los animales. Pero he comenzado a comprender que hay personas ahí fuera, incluyendo a mis estudiantes, que tienen una fascinación real sobre esto y que nunca han pensado sobre estas cuestiones antes, y se dan cuenta de que son cuestiones muy importantes y quieren reflexionar sobre ellas.

Lo primero que uno tiene que comprender es que los pollos y las otras criaturas sintientes son mucho más inteligentes de lo que les acreditamos que son. Ellos tienen un sistema social complejo, tienen organización social, tienen un buen sentido de lo que está sucediendo. Nosotros no sólo no les mostramos respeto sino que cometemos un error al matarlos.

La idea es ésta: en la tradicción filosófica occidental, que se remonta a los antiguos griegos, se ha adoptado el punto de vista de que los seres humanos son fundamentalmente superiores a los animales y dan una variedad de argumentos para ello. Uno es la idea de que Dios o los dioses crearon la naturaleza para satisfacer a los seres humanos; que crearon a los animales y a las plantas, y así sucesivamente, para el bien de los seres humanos, específicamente para nosotros. Esto significa que podemos hacer lo que queramos con ellos y no preocuparnos de las implicaciones morales.

Otra línea tradicional de argumentación ha sido que los animales son inferiores a los humanos en términos de sus capacidades cognitivas. Y esto se traduce en la idea de que los humanos son superiores a los animales y que podemos usar a los animales en tanto que los animales no son comparables a los humanos.

Lo que los filósofos tradicionalmente han argumentado es que los animales no pueden pensar sobre sí mismos como individuos entre otros individuos. Ellos no pueden pensar sobre la idea de que tienen obligaciones o de que tienen derechos, o cualquier otra similar. Todo esto ha conducido a los filósofos de la tradición occidental a la conclusión de que los animales no tienen realmente alguna clase de estatus moral o que sea siquiera comparable al de los seres humanos.

En mi trabajo sobre los animales, lo que comienzo por señalar, y sobre lo que he argumentado, es lo siguiente: las diferencias en las capacidades intelectuales y las diferencias en las capacidades cognitivas no tienen mayor relevancia moral que la que tienen respecto de los seres humanos. Por eso, el hecho de que haya gente que sea más inteligente que yo no significa que sean moralmente superiores a mí.

Del mismo modo, el hecho o el supuesto hecho de que yo sea más inteligente que mi gato Pindar no justifica que yo tenga derecho a utilizarlo o tratarlo como si fuera un juguete o someterlo como una propiedad o cualquier otra acción similar. Lo que es importante respecto del estatus moral no es cómo de inteligente eres, o lo sofisticado que son tus capacidades cognitivas, sino que es la noción de sintiencia, que es la capacidad de sentir placer y dolor, la capacidad de sufrir y demás.

Considero que estas capacidades son inherentes a la conciencia. Y esto es lo que yo considero moralmente decisivo. La vida subjetiva de Pindar no es realmente diferente de la mía. No comprendo por qué mi habilidad para las matemáticas o para escribir libros de filosofía, o para emplear un lenguaje en la manera en que lo hacen los seres humanos, tiene algún significado relativo al estatus moral que me privilegie frente a un gato o a un perro o a cualquier otra criatura sintiente.

Por tanto, si estamos de acuerdo en que la sintiencia, en lugar de la capacidad cognitiva, es lo que realmente importa como criterio para el estatus moral entonces no considero que alguien pueda decir que objetivamente mi vida importa más que la de Pindar. Mi vida me importa a mí tanto como a Pindar le importa la suya en el mismo sentido. Su vida le importa infinitamente a él y mi vida me importa infinitamente a mí.

Desde esta perspectiva, considero que no existe alguna manera de decir que mi vida importa más que la suya. Así que su vida debe ser considerada desde una perspectiva moral tan igualmente significativa como la mía. Y entiendo que esto es así para cada ser sintiente. A mi modo de ver, nosotros, los animales y los humanos, somos moralmente comparables unos con otros. Debo añadir además que los seres humanos son, a fin de cuentas, animales.


Una vez que empiezas a comprender más sobre los derechos de los animales, no puedes no ser vegano. Tan pronto como empiezas a leer acerca de la industria de la leche y la producción en la industria del huevo, no hay otra opción y no hay vuelta atrás.

Fabrice Nicolino, de Francia, ha escrito recientemente un libro documentando los horrores de las granjas industriales en Francia. Es un libro que yo habría dedicado explícitamente a los animales que han muerto sin haber vivido. Esto es algo muy importante para mí. Hay un sentimiento que me obsesiona de profunda tristeza. Me digo a mí mismo: "¿Por qué los humanos somos capaces de tratar a los animales de esta manera? ¿Cómo podemos tratarlos así?".

Me gustaría separar esta cuestión de lo que la gente siente respecto de lo que hace o de lo que la gente piensa sobre lo que pueden acomodar en sus vidas. Quiero separar este tipo de cuestión de lo que yo considero que es la cuestión moral, que sería: ¿Tenemos un derecho a, o estamos legitimados en, comer animales? Y quiero dejar muy claro que a mi juicio no tenemos ese derecho.

Pienso que la razón es muy importante en esto porque soporta un peso que las otras nociones que que usamos no pueden soportar. Por ejemplo, a veces la gente piensa: "No deberíamos ser crueles con los animales pero no hay nada que les debamos en términos de obligaciones morales." Pero yo entiendo que la idea de obligación moral es algo importante aquí. Decir que tenemos una obligación moral significa que hay algo como un muro que no debemos sobrepasar. Así, cuando decimos que tenemos obligaciones morales sobre los animales es como si los animales tuvieran una especie de coraza que señala que hay determinadas cosas que nunca debemos hacerles.

La noción de obligación moral hacia los animales es exactamente así. Es un compromiso muy fuerte que debemos reconocer que tenemos. Si reconocemos que los animales y los humanos son moralmente comparables unos con otros entonces debemos reconocer que tenemos la misma clase de obligaciones de no hacer daño y no cometer violencia respecto de los animales que tenemos respecto de los humanos.

Pindar es un gato rescatado. Lo tengo desde hace un par de años. Aunque en realidad yo no buscaba adoptar otro gato. Tuve una pareja de gatos durante mucho tiempo y yo los quería mucho y tenía un vínculo muy íntimo con ellos. Un tipo de vínculo que se asemeja mucho al que la gente dice tener con sus hijos. Aquellos gatos vivieron una vida larga conmigo y recientemente fallecieron de vejez, y fue entonces cuando me presentaron a este gato rescatado que se introdujo en mi vida.

Así, adopté a este gato y cuando recobró su salud emergió su maravillosa personalidad. Se convirtió en una criatura tierna y extraordinaria. Podría decir que hay alguna clase de amor entre nosotros. Para mí es claro que Pindar siente afecto hacia mí. Y este tipo de sentimiento de amor debe ser el que siente un niño pequeño cuando tiene dos o tres años hacia sus padres.


No conozco a nadie que diga que un niño humano pequeño es incapaz de amar aunque ellos no puedan pensar acerca del amor. Pienso que a Pindar le ocurre lo mismo. Y creo que en muchos animales aparecen signos de afecto y preocupación que los animales muestran entre ellos mismos y hacia los humanos.

Existe una muy preocupante realidad acerca de las contradicciones y conflictos en las vidas de la gente. La industria de mascotas es una industria multimillonaria en los Estados Unidos. La gente que tiene mascotas a menudo los quiere como si fueran un miembro más de la familia y se desagradan mucho cuando les ocurren cosas malas a sus mascotas. Se gastan una ingente cantidad de dinero en cuidar a sus mascotas y exhiben fuertes muestras de amor y consideración sobre sus mascotas.


Así que es particularmente preocupante y notorio que la misma gente, o la mayoría de la gente, que ama a sus mascotas, participan y apoyan las peleas de perros y las riñas de gallos, demostrando así una increíble desconsideración hacia los animales, o apoyan el someter a los animales como sujetos forzados en terribles experimentos.

Tenemos que ser capaces de encontrar un camino para articular principios claros sobre los derechos de los animales, para no ser utilizados por los humanos, estableciendo claros principios morales y legales que prescriban que es incorrecto infligir violencia o daño sobre los animales.


La gente encuentra una forma de cegarse respecto de lo que conlleva la producción de la carne que comen y así con todo lo demás. Me parece que hay alguna clase de disonancia cognitiva aquí. No se permiten conocer la realidad de lo que está sucediendo. De esa forma se desconectan de lo que conllevan ese tipo de prácticas, como es el hecho de consumir carne.

Me encuentro no infrecuentemente con gente que dice: "Mira, he oído que lo que le hacen a los terneros, o lo que le hacen a las gallinas, o lo que le hacen a los cerdos, es terrible. Así que no quiere saber nada más sobre eso."

Pienso que la única cosa que puede lograr que la gente salga de ese tipo de contradicción o tensión es la voluntad de observar los hechos y reflexionar sobre las inconsistencias de su propia conducta. Este pensamiento debe conseguir que cambiemos nuestra forma de sentir. Así fue como yo comencé a pensar en el hecho de que lo que había en mi plato era esencialmente lo mismo que yo y esto me hizo sentir de forma diferente acerca de comerlo. Sólo cuando esto suceda, la gente comenzará a reconocer la contradicción e intentará resolverla.

Creo que tenemos obligaciones hacia los animales. Nuestra obligación considero que es en primer lugar adoptar un modo de vida vegana, como mínimo. No hay justificación para infligir los terribles daños que conllevan las granjas industriales y la experimentación con animales y todas las demás cosas que les hacemos.

Partiendo de una tabla rasa, creo que la primera obligación que tenemos es no dañar a los animales, no ejercitar la violencia sobre ellos o imponer violencia sobre ellos. Y la forma más directa de comprender esta obligación es hacerse vegano y continuar siendo vegano. Así que pienso que ser vegano es una cosa muy importante.

El profesor Francione de la universidad de Rutgers [Estados Unidos] argumenta que si por medio de la legislación se aboliera el estatus de propiedad de los animales, esto sería lo más importante que cualquier gobierno o legislación podría llevar a cabo.

Debido a que la tradición jurídica anglo-americana durante siglos ha clasificado a los animales como propiedad, ellos son cosas que poseemos; son mercancías. Esto permite que la gente pueda hacerles toda clase de cosas ya que uno mismo puede destruir su propiedad. Esto no sería lo más inteligente pero no hay ninguna ley que lo prohíba.

Esto significa que podemos criar animales y matarlos para consumo humano; podemos venderlos, podemos usarlos, podemos experimentar en ellos. Si fuera posible clasificar legalmente a los animales como no-propiedad, como algo similar a una persona legal, esto podría prevenir que la gente matara animales, experimentara con ellos, y otra serie de cosas.

Sería esencial que pusiéramos a los animales en la situación de ser realmente comparados a los humanos desde una perspectiva moral, en el sentido de que si no podemos hacerle algo a un ser humano tampoco deberíamos permitir que se le hiciera a un animal. Por eso pienso que lo mejor que podría hacer cualquier gobierno o legislación es abolir el estatus de propiedad de los animales.

Pienso que todas las cosas que hagamos que inflijan violencia sobre los animales en la naturaleza o en los ecosistemas es algo sobre lo que tenemos que pensar cuidadosamente. Así que cada vez que vayamos a comprar algo que vaya empacado o que vayamos a consumir algo que acabará contaminando las fuentes de agua o los humedales tenemos que pensar en lo que estamos haciendo. Pero lo primero, por lo que debemos comenzar, a mi modo de ver, es acerca de nuestra relación con la vida sintiente, la vida animal. Y pienso que la primera cosa que la mayoría de la gente puede hacer es convertirse en vegana. Y ser estrictamente vegana.

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27 de diciembre de 2017

El activismo y el consumo de miel



Si uno echa un vistazo a las páginas informativas animalistas verá que en ellas a menudo se habla sobre la carne y las pieles, ocasionalmente sobre la leche y los huevos, y puntualmente sobre la lana, y los circos y los zoos y otros centros de explotación animal para entretenimiento. Sin embargo, es muy raro encontrar algún apartado en el que hablen sobre la miel. En general, la explotación sobre los insectos parece ser ignorada de manera generalizada. De hecho, en diversos debates me he encontrado que muchos activistas defienden que debemos deliberadamente no hablar sobre el consumo de miel, a pesar de que este consumo se basa en la explotación de animales, al igual que el consumo de carne, lácteos, huevos, pieles, lana, y demás productos de origen animal.

La posición de esos animalistas se fundamenta habitualmente en tres puntos: [1] que la gente nos tomará por "locos" si hablamos en favor de las abejas, ya que son insectos y la gente desprecia totalmente a los insectos; [2] que la actividad de la agricultura ya mata igualmente a muchos insectos; y [3] que el rechazo a la miel está motivado por un deseo de ser "puristas" con nuestras convicciones en lugar de estar más preocupados por ayudar a detener el abuso contra los animales, porque al hablar de la miel supuestamente "alejamos" a la gente del veganismo. Si a la gente ya le cuesta empatizar con vacas y gallinas, intentar que empaticen con las abejas, o los insectos en general, provocaría el efecto contrario al deseado.

En realidad, ese tercer punto se deriva directamente del primero, así que quizás serían dos argumentos los expuestos. En cualquier caso, considero que todos esos argumentos son inconsistentes.

En primer lugar; ocurre que mucha gente cree que es una "locura" empatizar con vacas o gallinas y, más aún,  pensar que merecen el mismo respeto básico que los humanos. Por tanto, eso no lo diferencia de los insectos. Además, si uno puede empatizar con vacas y gallinas, también podrá empatizar con los insectos. ¿Acaso nuestra empatía hacia otros humanos depende de su tamaño o su aspecto? De todos modos, la consideración moral no depende de la empatía sino de comprender que los otros animales son individuos con intereses que tienen un valor inherente que debemos respetar. Esa comprensión no depende del tamaño o del aspecto del animal en cuestión. Contamos con evidencias que avalan la tesis de que los insectos son seres dotados de sensaciones; en concreto poseemos fuertes evidencias acerca de que las abejas experimentan emociones y tienen intenciones. Si alguien cree que no podemos empatizar con los insectos, o que los insectos no merecen ser reconocidos como miembros de la comunidad moral, pienso que se encuentra en un error.

En segundo lugar; alegar que muchos insectos mueren por la agricultura no justifica ignorar el hecho de que los insectos son víctimas de la explotación animal. Ese argumento es tan absurdo como pretender que ignoremos la explotación de vacas y gallinas alegando que mamíferos y aves son atropellados diariamente o exterminados por el aumento exponencial de la población humana. Es tan absurdo como pretender que ignoremos que miles de ratones son utilizados y matados en experimentos alegando que miles de ellos mueren también debido a la agricultura. Más aún, es tan absurdo como pretender que ignoremos la explotación de seres humanos alegando que muchos ellos mueren diariamente como consecuencia de la contaminación que generamos o debido a accidentes. Este argumento en concreto ya lo analicé en mi ensayo de respuesta a Claudio Bertonatti.

Finalmente, el rechazo a la miel no está motivada por un deseo de ser "purista" sino por no querer participar en la explotación de las abejas. Acusar de que uno es "purista" por rechazar la miel no es menos inapropiado que decir que uno rechaza el consumo de carne por ser "purista". Lo mismo vale cuando se trata del activismo. A mi modo de ver, el activismo no debería excluir a ningún animal por su especie —lo cual sería incurrir en el especismo— ni tampoco debería excluir ninguna forma de explotación animal. Todos los seres sintientes merecen el mismo respeto básico, y todas las formas de explotación animal los cosifican como recursos por lo que son igualmente injustas.

¿Hablar acerca de los insectos "aleja" a la gente? Yo no compruebo que hablar sobre la miel y las abejas, o los insectos en general, sea una causa por la que nadie se aleje del veganismo. Claro que uno se puede inventar toda clase de excusas para intentar justificar su rechazo al veganismo, pero eso en ningún caso está provocado porque los activistas hablen sobre la explotación de las abejas, o sobre los insectos en general. Puede que algunas personas sientan un rechazo inicial en tanto que no están acostumbradas siquiera a pensar en que los insectos merecen consideración moral, pero esa reacción sólo es la lógica consecuencia de un prejuicio y, además, no es una actitud inamovible. Esto es algo que se puede modificar a través de la educación.

Bajo mi punto de vista, el sentido de un movimiento activista es cambiar las creencias, actitudes y comportamientos de la gente que no se ajustan a la ética. Por tanto, el hecho de que mucho gente en general no tenga consideración  moral por los insectos no es una razón para aceptarlo sino precisamente un motivo para cambiarlo.

Debo añadir que hay un argumento adicional que algunos alegan en favor de ignorar el consumo de miel que señala que las abejas, y los insectos en general, son "inferiores" a otros animales, como serían los mamíferos y las aves, porque su desarrollo sensitivo supuestamente es menos complejo que el de aquellos otros animales considerados "superiores", y, por tanto, merecen una menor consideración; pero toda esta presunción carece de fundamento lógico y empírico. En primer lugar, no hay evidencia que demuestre que las abejas son inferiores a otros animales en su desarrollo sensitivo sino que, al contrario, la investigación científica muestra que las abejas son seres mentalmente complejos que experimentan una diversidad de emociones y sentimientos.  En segundo lugar, una diferente complejidad sensitiva o cognitiva no equivale a una diferencia de estatus moral. Todos los seres dotados de sensación son igualmente sujetos y, todos ellos, poseen igualmente un mismo valor inherente y tienen intereses básicos referidos a su propia conservación, autonomía y bienestar.

Por todo ello, pienso que los argumentos esgrimidos en contra de hablar sobre la miel no se sostienen más que los argumentos usados para intentar justificar que ignoremos la explotación de mamíferos y aves y otros animales, aparte de los insectos. Es el mismo criterio usado para intentar justificar el vegetarianismo, alegando que hablar sobre leche y huevos "aleja" a la gente.  Así, mi conclusión es que la decisión de rechazo a hablar sobre la explotación de las abejas —y de los insectos en general—  estarían condicionada o influenciada por prejuicios especistas y no por criterios racionales.

Lo mismo que se puede aplicar a la explotación de los gusanos para la seda o de las cochinillas para el ácido carmínico [e120] o cualquier otra forma de explotación sobre insectos. Y lo que he argumentado sobre los insectos también se puede aplicar sobre otros grupos de animales asimismo totalmente menospreciados como los moluscos o los crustáceos.

Todas las víctimas de la explotación animal merecen la misma atención y todas las formas de explotación animal son igualmente rechazables. Esto es el veganismo. Por desgracia, en la actualidad, el activismo animalista en su mayoría no asume el veganismo como base moral y no está exento de los mismos defectos que pretende denunciar en la sociedad.

6 de diciembre de 2017

«La Nueva Constitución»



Este texto forma parte de los escritos publicados por Leslie Cross durante su etapa de vicepresidente de la Asociación Vegana [The Vegan Society] en el Reino Unido, Hasta donde yo sé, fue Cross el primero que postuló la idea que más tarde se conocería como liberación animal, esto es, la idea de que los animales deben ser liberados de la dominación humana. Aunque un germen de esta idea estaba señalado ya en el primer boletín de Vegan Society escrito por Donald Watson —y también puede encontrarse en los escritos de autores anteriores como Henry Salt y Leonard Nelson— fue Cross el primero en exponerla de manera clara y directa, mucho antes de que se empezara a hablar de ello en el ámbito animalista ya en la década de los 70 del siglo XX. Sabemos que el movimiento que él intentó poner en marcha no cuajó como era su propósito,  y eso nosotros no lo podemos arreglar, pero lo que sí podemos hacer es mantener y continuar con su espíritu de liberación.

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La Nueva Constitución

Leslie Cross

Primavera 1951


Junto con cada copia de este número de The Vegan enviada a los miembros se encuentra una copia de las nuevas normas, con una formulario para ser rellenado y enviado a la nueva secretaria, la señora Hilda Honeysett en el 38 de Stane Wey, Ewell, Surrey.

Este texto pretende ser una explicación de los puntos más importantes acerca de las nuevas normas que la Asociación Vegana ha adoptado en su Reunión General Especial en Londres a 11 de noviembre de 1950. Debemos recordar que cuando la sociedad fue fundada en 1944, no había normas, y que esta situación se mantuvo hasta marzo de 1947, cuando se adoptaron unas normas que sirvieron hasta ahora. Desde hace tiempo, sin embargo, se ha mostrado evidente que con el desarrollo del veganismo, el primer conjunto de normas ya no era capaz de proveer a la Asociación de una constitución lógica y sabia. La gran diferencia entre las antiguas y las nuevas normas es que esa incapacidad se ha transformado en virtud.

Nuestras normas no son meras regulaciones, ni son simplemente un boceto de nuestros planes de trabajo. Por supuesto que son regulaciones y describen el tipo de funcionamiento que hemos acordado, pero hacen algo más que eso —alumbran y protegen nuestros ideales. Ellas establecen de forma precisa, y bajo la autoridad corporativa de la Asociación, el fin último al que aspiramos. La ausencia de este tipo de orientación fue la mayor deficiencia de las antiguas reglas; si bien hay que recordar que cuando fueron adoptadas la Asociación no había evolucionado hasta el grado en el que pudiéramos acordar nuestro propósito final.

Habiendo establecido nuestro objetivo acordado, y definido oficialmente la palabra «veganismo», hemos encontrado nuestro denominador común, y hemos llevado a su fin la peligrosa y siempre presente posibilidad de desintegración.

El objetivo del Movimiento Vegano ["terminar con la explotación de los animales por la humanidad"] es aclarado en el significado de explotación por la norma 4(a), la cual compromete a la Asociación en "buscar el fin del uso de animales por parte de la humanidad para alimentación, productos, trabajo, caza, vivisección, y todos los usos que implican explotación de la vida animal por la humanidad". Habiendo adoptado esta norma, la Asociación se ha posicionado claramente del lado de los libertadores; así pues no es el bienestar lo que buscamos, sino la libertad. Nuestro propósito no es hacer más tolerable la presente relación entre la humanidad y los animales —la cual si es vista honestamente se trata de una relación entre amo y esclavo— sino abolir esta relación y reemplazarla por algo más adecuado a una humanidad civilizada. En resumen, nuestro propósito es lograr la liberación de los animales —para devolverlos al equilibrio y salud de la naturaleza, que es donde está su lugar, y así terminar con el error histórico perpetrado cuando el primer hombre decidió que tenía el derecho a explotar y esclavizar a los animales.

El segundo aspecto general del propósito vegano se encuentra en sus efectos sobre la evolución humana. Aparte de la abolición de una enorme carga de crueldad que está constantemente vinculada a retornar sobre la propia humanidad como un bumerán, hay que recordar que en cualquier relación de amo y esclavo, el mayor y más profundo daño es padecido no por el esclavo sino por el amo. Hasta que la presente relación entre la humanidad y sus semejantes sea reemplazada por una coexistencia en un relativo plano de igualdad, la búsqueda de la felicidad por parte de la humanidad está condenada a una dolorosa y trágica frustración.

Estos son los efectos generales de la nueva constitución, pero hay otros aspectos que debemos quizás mencionar. Ahora es posible unirse a la Asociación tanto como miembro de pleno derecho o como afiliado, y el comité preguntará a cada miembro sobre en cuál categoría desea participar. Esto resultá de ayuda para hacer notar que las nuevas normas definen al miembro como aquel individuo que asume los principios veganos como forma de vida hasta donde le sea posible según las circunstancias. En otras palabras, se requiere ser honesto con uno mismo y honesto en este contexto significa también razonable. Nadie debería negarse a sí mismo los beneficios de una plena membresía sólo porque las circunstancias impidan alcanzar un mayor grado de coherencia de la que sería deseable. Lo más importante es ser vegano en espíritu y entonces hacer lo que mejor de lo que uno es capaz. Un afiliado es quien está de acuerdo con nosotros como principio pero que no está dispuesto a llevarlo a la práctica. La línea de demarcación es, por tanto, no la rígida coherencia sino el esfuerzo.

La subscripción anual se ha elevado y la membresía vitalicia cuesta 7 guineas. El Comité ha decidido que la subscripción anual cubrirá desde el 1 de enero al 31 de diciembre y será cobrada el 1 de enero de cada año.

Otra importante función creada por las nuevas normas es incrementar la unidad del movimiento haciendo posible que el Grupo Vegano de Londres deje de ser un grupo separado y se integre como una rama de la Asociación Vegana. Constitucionalmente, el Grupo Vegano de Londres es más antiguo que la Asociación Vegana y que es una organización por propio derecho. Al haber permitido integrarse como una rama de la Asociación, las nuevas normas abren el camino para que el Grupo Vegano de Londres se integre a sí mismo en un movimiento unido.

Tal vez no sea necesario señalar que la nueva constitución marca un nuevo nacimiento para la Asociación Vegana. Esto debe ser leído y comprendido por todos quienes tengan intención de unirse a nosotros, recogido e integrado en palabras que son necesariamente formales, yace todo aquello que defendemos y esperamos, en un glorioso día, conseguir.

Texto original: The New Constitution

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La lista completa con los otros textos de Leslie Cross traducidos al español:

22 de noviembre de 2017

La metáfora del grifo





Hay dos formas de afrontar un problema: intentar reprimir sus consecuencias o intentar eliminar la causa que lo provoca. En este artículo se intenta explicar, recurriendo al uso de una metafóra, por qué los abolicionistas consideramos que es prioritario centrar nuestros esfuerzos en erradicar la causa de la violencia contra los animales, lo cual eliminaría necesariamente sus consecuencias.

Imaginemos que el problema de la explotación animal es como un grifo que está abierto al máximo y cuya agua fluye a través de un colador. El grifo abierto representa el impulso de explotar a los animales y la corriente de agua representa a la población humana que considera que la explotación de los animales es aceptable y que son moralmente inconscientes acerca del daño injustificado que están infligiendo a los animales.

Ahora, imaginemos también que pretendemos evitar ese chorro de agua tratando de tapar cada agujero en ese colador. A esta forma de afrontar el problema es lo que en el ámbito del activismo denominamos como la campaña monotemática. La campaña monotemática intenta eliminar una determina forma de explotación animal, ignorando a menudo al 99% de los animales explotados que no entran dentro de esa determinada explotación particular.

Cada vez que apoyamos una campaña monotemática estamos centrando nuestros esfuerzos en intentar tapar un agujero de ese colador. Por ejemplo, la campaña en cuestión consigue clausurar algún circo, alegando que “maltratan” a los animales, o consiguen que se prohíban las corridas de toros o impulsan que en China dejen de comer perros. Mientras intentamos tapar un agujero el resto permanecen ignorados.

Ahora, supongamos que con cada “victoria” un agujero en ese colador se cierra. El agua continúa fluyendo casi igual de fuerte ya que la mayoría de los humanos aún piensa que la explotación animal es aceptable, puesto que las campañas monotemáticas no conllevan el mensaje que el uso de animales es lo que está moralmente mal. De este modo, el agua acaba desbordando por nuevas vías de transcurso, es decir, la explotación animal continúa intacta pero en una dirección ligeramente distinta. Así ocurre que se abren nuevos agujeros —nuevas formas de explotación animal— y debido a la misma presión otros ya existentes se van agrandando.

Una forma diferente de afrontar el problema es la educación vegana. A diferencia del activismo monotemático, lo que la educación vegana pretende no es tapar los agujeros del colador sino cerrar el grifo. Piensen en ello. Si tenemos la posiblidad de cerrar el grifo mediante la difusión educativa del veganismo como la única respuesta moralmente aceptable ante el problema de la explotación animal, consiguiendo que la gente reconozca a los animales como miembros de la comunidad moral — como personas no humanas — entonces la abrumadora existencia de muchos agujeros en el colador ya no sería relevante. Al cerrar el grifo, el agua deja de correr y así todas y cada una de las miles de explotaciones particulares que cada campaña monotemática pretendía eliminar una a una ha sido erradicada de forma global.

Por cada nuevo vegano, el grifo es cerrado en una pequena fracción. Ahora, podemos, y debemos, elegir. Los recursos son limitados: el tiempo, dinero y energía que gastemos en una campaña no podemos emplearlo en otra. Podemos elegir emplear nuestros esfuerzos en educar a la gente acerca de por qué necesitamos ser veganos si queremos respetar a los animales y de este modo trabajar para cerrar el grifo progresivamente. O, por otro lado, podemos intentar tapar infructuosamente cada agujero del colador al mismo tiempo que el resto se agrandan u otros nuevos se abren.

Yo elijo intentar cerrar el grifo.


10 de noviembre de 2017

Charles Danten y la cuestión de las mascotas




Charles Danten es un veterinario canadiense, ya jubilado, y también es autor de un libro traducido al español y titulado «Un Veterinario Encolerizado: Ensayo Sobre la Condicion Animal». No he tenido la oportunidad todavía de consultar dicho libro, pero en este artículo que publico aquí, titulado originalmente «People who love animals should not own pets», su autor expone un alegato en contra del uso de los animales como compañía —es decir, como mascotas— basado en gran parte en su experiencia profesional sobre los múltiples daños que esta práctica ocasiona sobre los animales.

Me pareció interesante traducirlo por ser un tipo de explotación animal tal vez poco analizado en el activismo animalista, en comparación con otros como la alimentación o el entretenimiento o la experimentación. Sobre esta cuestión en concreto también pueden leer las interesantes reflexiones de Gary Francione y de Tom Regan, y también las mías propias en un ensayo anterior de este blog.

Esos artículos ayudan a plantear el problema del mascotismo dentro un contexto moral —como una parte del problema general del especismo y la explotación— mientras que este artículo de Danten señala los problemas que causa el uso de animales como mascotas desde una perspectiva más empírica. Pienso que antes de emitir un juicio sobre esta cuestión es necesario reflexionar de manera atenta sobre la relación que hemos establecido con los demás animales en todos sus aspectos —una relación claramente basada en la dominación y el beneficio para los humanos a costa del perjucio para los animales— con todos los datos y argumentos que podamos abarcar.

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La gente que ama a los animales no debería tener mascotas

Charles Danten

Octubre 2014


La explotación de las mascotas es mucho más cruel, en su hipocresía y sofisticación, que cualquier otra forma de explotación animal, incluyendo la ganadería industrial, la producción de fuagrás, y la vivisección.

Es generalmente creído que las mascotas nos hacen más humanos, mejoran nuestra salud, aumentan nuestro bienestar y longevidad. Pero mientras que algunos investigadores han anunciado sobre efectos positivos a corto plazo, similares al placebo, como consecuencia de nuestra interacción con los animales, otros han encontrado en convincentes estudios cuantivos a gran escala que la salud y la felicidad de los propietarios de mascotas no es mejor, y en algunos casos es peor, que la de aquellos que no poseen mascotas.

Es ampliamente creído que los animales se benefician tanto como nosotros de la relación humano-animal. Pero nada podría estar más alejado de la verdad,

Debido a la relación que imponemos sobre ellos, todas las mascotas por definición permanecen infantiles, nunca alcanzan ningún nivel de autonomía o madurez emocional. El mantenimiento de este apego infantil fomenta la existencia de un permanente estado de ansiedad. Esto se traslada clínicamente a varias enfermedades psicosomáticas como colitis, inflamación de la vejiga, y problemas de piel. Problemas psicológicos como fobias, auto-mutilación, y ansiedad están muy extendidos y son frecuentes como problemas ligados a la dominación, el miedo y la ambivalencia. Estos animales son a menudo severamente castigados o abandonados por sus propietarios quienes son incapaces de comprender el sentido de estas neurosis, las cuales interpretan erróneamente como alguna clase de defecto en el carácter del animal. Los tratamientos curativos están destinados a fracasar, en tanto que esas enfermedades están ligadas al hecho de ser una mascota y en una relación que es fallida en su origen.

La vacunación por motivos comerciales y financieros está matando a miles de animales cada año. Diversas mutilaciones como el desgarramiento de los gatos, el corte de orejas, la esterilización y castración, para hacer a los animales más cómodos y fáciles de controlar, están causando una indecible miseria a los animales. Un animal sin estas mutilaciones resulta menos atrayente para los humanos y más difícil de controlar; esto es por lo que se realizan las esterilizaciones.

El cuidado de la salud animal en sí mismo es un subtipo del abuso animal. Es un tipo de pensamiento ilusorio creer que una mascota puede comprender y apreciar de alguna forma las buenas intenciones que motivan el cuidado veterinario. Esto está simplemente por encima de sus capacidades cognitivas. Un animal no es consciente de estar siendo "reparado" más de lo que lo es un coche, salvo por una diferencia esencial: los animales son seres sintientes perfectamente conscientes del dolor que infligimos sobre ellos por razones que están más allá de su comprensión. Desde su punto de vista, un hospital veterinario es indistinguible de un potro de tortura. 


Les causamos enfermedades de innumerables maneras por un lado, luego nos beneficiamos de ello por el otro. Este absurdo sugiere que nuestra preocupación por la salud de las mascotas tiene mucho más que ver con satisfacer nuestras necesidades que con cualquier otra cosa.


La explotación sexual, una cuestión tabú en nuestra bienpensante sociedad, está extendida en todas las áreas de la vida. La inmoralidad de convertir a un animal en mascota abre las puertas a toda forma concebible de explotación.

Según un cable de la embajada de Estados Unidos publicado por Wikileaks en el año 2005, el tráfico de animales salvajes, 
a nivel global, cuyo principal mercado es la industria médica oriental, la industria de la moda, y la industria de mascotas en Estados Unidos y Europa "mueve entre 10 y 20 billones de dólares estadounidenses cada año, situándose en tercer lugar después del tráfico de armas y el tráfico de drogas". Por un canto y un poco de exotismo, los hábitats y los incubadores naturales de todo el mundo están siendo destruidos.

Cuando están preparados, los animales fértiles se convierten en objeto de una intensa cría por parte de profesionales y aficionados, lo que rápidamente repercute en su deterioro. Hay más de 300 enfermedades genéticas debilitantes e incurables en las mascotas, la mayoría de ellas causadas por la cría y el consumismo.

Los animales son afectados con deliberadas características anatómicas que convierten sus vidas en una pesadilla. Perros y gatos procedentes de la cría braquicéfala [dogos, bulldog inglés, boston terrier, pekinés, persa, himalayo,...] por ejemplo, se caracterizan por un cráneo atachado y ojos saltones, a menudo sufren por el solo hecho de respirar.

Las condiciones físicas de la cautividad también conllevan daños. Según la doctora Karen Overall, una veterinaria especializada en etología animal, sólo el 1% de la población sabe algo acerca de los animales que mantienen en cautividad. Confinados en espacios pequeños durante toda su vida, encerrados mientras sus dueños hacen su vida, la mayoría de mascotas conocen una existencia tan limitada como aburrida como la de los prisioneros o los esclavos.

La propia naturaleza de la comida que damos a las mascotas es también la causa de muchos dolorosos problemas de salud.

Millones de animales son destruidos cada año en lugares eufemísticamente denominados refugios. Otros, que nunca serán adoptados porque tienen defectos psíquicos o físicos irremediables, pasan su vida encerrados en refugios que no matan animales, a merced de la compasión de buenos samaritanos, quienes se complacen a sí mismos al insistir en mantener a estos animales con vida, como una cuestión de principio, a menudo durante años, bajo condiciones miserables desde el punto de vista del animal.

La lista no termina aquí. El vínculo humano-mascota está lejos de ser la panacea terapeútica que proclaman los apologistas de la tenencia "responsable" de animales. Al contrario, esto es mutuamente autodestructivo y destructivo para el mundo natural.

Si aceptan todas estas falacias descritas, la adopción y los derechos de los animales son causas que se anularán en el deseado objetivo de salvar animales y amplificarán el espantoso efecto de promover el consumismo, con todas sus inseparables atrocidades. Sería equivalente a pagar un rescate a los terroristas por los rehenes. No hacemos esto porque sabemos que sólo alimenta el problema en un círculo vicioso.

Las iniciativas educativas que provean una mirada honesta sobre la naturaleza de nuestra relación con el mundo animal sería tremendamente más fructíferas que las lecciones aprendidas de la explotación de las mascotas. En este caso, los animales no son los únicos que pierden; los niños se convierten as sí mismos en mascotas cuando son rebajados y adoctrinados a creer desde sus primeros años que una vida sin mascotas es impensable y que el amor y la crueldad se pueden mezclar.

Una vez que su mascota muera de muerte natural, por ejemplo, puede usted elegir vivir tu propia vida, si lo desea, poniendo fin a este barbarismo de forma optimista. No seamos rehenes de aquellos que se benefician de esta abominación.

Si de verdad amamos a los animales, los dejaremos vivir en sus propios términos.


Artículo original en inglés: «People who love animals should not own pets»


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El artículo de Danten es obviamente controvertido pero necesario. A diferencia de casi todos los artículos que tratan sobre la cuestión de las mascotas, en este caso el autor analiza el asunto no centrándose en el supuesto beneficio para los humanos —antropocentrismo— que proporciona el uso de animales como mascotas sino centrándose en el perjuicio que el mascotismo causa a los animales.

Mientras que en el mundo natural la presión de la selección adaptativa favorece que prosperen los individuos sanos, en el contexto humano los animales son seleccionados no para favorecer su beneficio —su salud, su inteligencia, o su autonomía— sino sólo para adecuar sus cuerpos a proporcionar un determinado servicio a los humanos; lo cual favorece la aparición y perpetuación de numerosas discapacidades y enfermedades. Danten sólo menciona algunas pero el listado de padecimientos que soportan los animales por culpa de la dominación humana sería interminable.

Debo señalar que hay algún punto del texto con el que yo no estaría de acuerdo. Por ejemplo, afirma Danten que algunos refugios de animales insisten en mantener con vida a sus animales a pesar de que sus "condiciones de vida" son deplorables. Esto sugiere que él propondría la eutanasia para esos casos. Yo no estaría de acuerdo con esto. La eutanasia es el nombre que damos a la acción de dar muerte a un individuo en su propio beneficio cuando sus condiciones naturales de vida son tan miserables que su vida se convierte en una especie de tortura. Estas condiciones suelen ocurrir cuando se produce una enfermedad terminal y degenerativa que ocasiona dolor crónico. En este caso entendemos que dar muerte al paciente con su consentimiento puede ser moralmente aceptable en tanto que no existe otra forma de remediar su situación. Pero la eutanasia no puede darse en el caso de los animales porque ellos no pueden darnos su consentimiento. La eutanasia —para no ser asesinato— requiere de una serie de condiciones y el consentimiento informado y explícito es una de ellas. Sabemos que los animales tienen un interés inherente en vivir pero no podemos saber que ellos eligen o prefieren morir en determinada circunstancia. Muchos humanos no aceptan la eutanasia incluso en las peores condiciones pensables, así que no podemos nunca dar por hecho que determinada situación de salud de un animal conlleva que sea aceptable matarlo deliberadamente de forma legítima.

Dicho esto, es importante aclarar, por si acaso, que Danten no se opone a la adopción; se opone en este caso a que los animales sean utilizados para satisfacer deseos y necesidades humanas. Son dos cosas muy distintas. Una cosa es ayudar a un animal porque ha sido víctima de los humanos y necesita refugio, y otra cosa muy distinta es utilizar a un animal para que nos sirva de compañía en nuestro propio beneficio. 


25 de octubre de 2017

¿Y qué pasa con los seres humanos?




Hay una serie de objeciones clásicas que se suelen presentar sobre el veganismo. Ya he hablado de algunas de ellas —como es el tema de la consideración de las plantas o la cuestión del medio ambiente— pero hasta ahora no había hablado de una objeción que consiste en acusar a los veganos de no preocuparse por los seres humanos. Sobre este punto tengo algunos pensamientos que me gustaría exponer aquí.

Primero; es prioritario aclarar que el veganismo se refiere a la explotación animal, es decir, al sometimiento de los animales no humanos como medios para los fines humanos, desde el punto de vista ideológico y práctico. Por tanto, el veganismo no tiene que ver con la explotación de seres humanos; del mismo modo que el feminismo se refiere a la dominación machista sobre las mujeres por parte de los hombres, y no a otras cosas. El veganismo se refiere específicamente a los animales no humanos porque son ellos las víctimas del antropocentrismo y la opresión basada en ese prejuicio. El veganismo sólo se refiere a los no-humanos de la misma manera que el feminismo se refiere sólo a las mujeres en tanto que ellas son las víctimas del machismo, y no los varones. Por tanto, no es que el veganismo decida excluir a los humanos; es que los humanos no son las víctimas de la injusticia específica que pretende denunciar y resolver el veganismo, y para lo cual fue surgido como movimiento. El veganismo denuncia la creencia de que los humanos tienen derecho a dominar y explotar a los demás animales. Esta creencia —el antropocentrismo— no victimiza a los humanos sino sólo a los no-humanos. Por esta razón, no tendría sentido que el veganismo incluyera a los humanos, puesto que estaría desviando la atención de esa injusticia específica que hizo nacer el veganismo y la cual pretende visibilizar y resolver.

Segundo; el hecho de que alguien sea vegano no implica que su vida esté necesariamente libre de explotación de seres humanos. Ser vegano quiere decir que rechaza la explotación de los animales no humanos; de la misma manera que ser feminista quiere decir que rechazas la opresión machista sobre las mujeres. La ética no termina ni se limita al veganismo —ni al feminismo. El veganismo es una parte de la ética y no su totalidad. El veganismo se refiere al problema concreto de la explotación animal y no a otras injusticias que, sin duda, también son importantes y merecen atención, pero no más atención que la injusticia que es la opresión sobre los animales. Por tanto, señalar que los humanos son explotados no es una objeción válida contra el veganismo. Señalar que los varones son explotados no justifica explotar a las mujeres, y viceversa. Reconocer que la explotación de seres humanos existe no valdría en modo alguno para ignorar o excusar la explotación sobre los otros animales.

Tercero; mi experiencia me señala que esas personas que empiezan a hablar de los seres humanos cuando aparece la cuestión del veganismo por lo general no evitan participar en aquellos productos que al parecer conllevan explotar a seres humanos, ni tampoco aportan ninguna alternativa práctica que sirva para acabar con esa explotación. En cambio, los veganos sí aplican iniciativas prácticas y concretas para evitar la explotación de los animales y terminar con ella. Preguntemos a esas personas qué se supone que hacen ellas para acabar con la explotación de seres humanos que han mencionado y cuáles soluciones viables plantean para que todos las pongamos en práctica. La respuesta en la mayoría de casos suele ser: nada. En serio, hagan la prueba. Casi siempre compruebo que es sólo un intento de desviar la cuestión sobre los animales y no el reflejo de una preocupación sincera sobre las injusticias que padecen los seres humanos.

Cuarto; que haya explotación de seres humanos no justifica que participemos en la explotación de los animales no humanos. No deberíamos apoyar ninguna explotación sobre seres sintientes en la medida de lo posible. Los veganos al menos no participan directamente en la explotación de los animales. Los no-veganos suelen participar en esa misma explotación de seres humanos que suelen mencionar y, además, también en la explotación animal. En realidad, me parece que la mayoría de veganos suelen preocuparse también de evitar la explotación de seres humanos en lo posible; pero no porque sean veganos sino porque la ética engloba a todos los seres conscientes. Mucho antes de hacerme vegano ya estaba radicalmente en contra de la esclavitud y el canibalismo y cualquier forma de explotación sobre seres humanos. Hacerme vegano significó extender esa misma consideración moral a los demás animales sintientes e intentar llevarla a la práctica. Entiendo que este proceso fue similar en muchos otros veganos.

Quinto; la filosofía de los Derechos Animales ya engloba a todos los animales sintientes —incluyendo a los seres humanos— y es una filosofía ética que pretende que todos los individuos sean tratados con el respeto moral a su valor inherente. Así que siendo veganos no estamos excluyendo a los humanos de la comunidad moral sino que estamos incluyendo a los no-humanos injustamente discriminados. El veganismo es la base del movimiento que pretende acabar con la discriminación sobre los otros animales y reconocerlos como miembros de la comunidad moral. Para que esto suceda es necesario que los demás animales dejen de ser considerados como objetos y recursos para beneficio humano, es decir, que se les reconozca un derecho fundamental de no ser propiedad; al igual que ya reconocemos este derecho básico entre humanos. En todo caso, dado que el veganismo se fundamentaría moralmente en un principio de respeto moral a todos los seres sintientes, cuando argumentamos en favor del veganismo estamos también fomentando indirectamente el respeto a todos los seres dotados de sensación —incluyendo a los humanos.

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